martes 8 de diciembre de 2009

Ejercicio II

Ya se sabe, todo es cuestión de modas y en los pueblos sucede lo mismo. Pero no voy a hablar de que los chavales usen calzoncillos debajo del bañador en la playa. No, eso lo haré en otra ocasión. Esto va de ejercicio físico, pero hay que tener un poco de paciencia. Primero fueron los paseos marítimos, que no hay pueblo costero que se precie que no lo tenga, aunque no lo utilice nadie, aunque el mar lo barra de lado a lado, porque muchas veces son pasillos, no paseos, o que se pudran, como en mi pueblo de adopción, y te rompas la crisma cada vez que intentas hacer lo que su nombre indica, pasear por él. Si no hay mar, pues hay río y también se hace paseo marítimo y ruta de senderismo, esa es otra, que las rutas te llevan a veces a una carretera y tú preguntas, pero bueno, ¿qué había qué ver aquí? Pues nada, que se hace camino al andar y sólo se trataba de andar, no de ver nada. Que también somos a veces de un exigente...Pues eso, que después de los paseos vinieron las piscinas. Nada que ver, porque son de lo más práctico. En el mar es imposible bañarse, ni en invierno ni en verano, cuando pasas de los catorce años. Todos sabemos la razón. El agua. No es que esté contaminada, no, es simplenmente porque está helada. Cuando eres niño no te enteras. Es como con los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. Cuestión de fé. Miras al mar y piensas, toda esta inmensidad está aquí para que yo, niño afortunado, me pueda bañar. Y lo haces y disfrutas. Pero cuando vas creciendo y dejas de creer en lo Reyes, en los Magos y en los otros, te das cuenta que el mar es para mirarlo, para admirarlo, para que salga la vena poética e incluso para pescar mientras queden pescados y, como mucho, para mojarte los pies y eso con precaución, que los sabañones están haciendo guardia para poseer nuestros dedos, en nuestro idioma autóctono, dedas. Y hete aquí que a alguien se le ocurrió lo de las piscinas. Y pasamos de no tener ninguna a que cada pueblo tenga la suya. Pues todos a bañarse. Pero claro, antes hay que aprender a nadar, porque aunque parezca una obviedad que quien tiene mar sabe nadar, pues es falso. Pero ahora no voy a comentar las razones antropólógicas de por qué en los pueblos marineros hay varias generaciones de hombres y mujeres que no saben hacerlo. No lo voy a hacer, no porque no lo sepa, que lo sé, sino porque no me apetece nada y sería de lo más aburrido. No, voy a hablar de ejercicio físico, leñe. Hombre, que ya tenemos piscina, me dice Pomelo un día de invierno. Ya, le contesto, pero me da pereza. Pues no, que al final me dejé convencer y acabé con mis huesos recubiertos de carne, ultimamente más, que estoy engordando, en el Decathlon para aprovisionarme del equipo de baño adecuado y de paso para una comida de La Pandilla. Pues que si la matrícula y el bono familiar, que para eso somo quienes somos y el carro siempre antes que los bueyes, o como sea el refrán, que cada vez se está complicando más esto. Pues a nadar. Pero había un problema. El Pomelo, que no sabía. Sus razones no tienen nada que ver con las históricas, no, era un problema de timidez. Y por no enseñar la cara, pues que aprendió a bucear y le llegó. Pero para la piscina eso no valía, porque sumergirte con un tubo y dedicarte a hacer largos por debajo del agua, quedaba feo, es más, hasta alguna señora te puede dar golpes con el gorro y llamarte pervertido. Pues que tengo que aprender, me dice. Y ni corto ni perezoso se apunta a un curso de aprendizaje. Pero claro, no todo podía ser tan sencillo. Resultó ser el único hombre en medio de tropecientas marujonas entradas en carnes y en años. Me preguntareis, y si no lo haceis hacemos como si tal, ¿y los hombres que nombrabas que nunca aprendieron? Pues no están en el curso, por supuesto, que antes ahogados que pasar por la vergüenza de reconocer su ignominia. Pero mi Pomelo no. Con dos .... flotadores, digamos. Ni siquiera le amilanó ser el más burro de la clase, porque sus compañeras ya llevaban varios cursos intensivos. Y poquito a poco aprendió a nadar. Y a renadar, porque siempre fue muy exagerado y ahora nada mejor que yo, que el idiota que se reía de verlo en la calle de los iniciandos y si me descuido casi mejor que el monitor, que para eso se bajó miles de videos y se compró otros tantos libros del arte de nadar. Y cuando ya estábamos satisfechísimos, porque ya íbamos a cursos de perfeccionamiento, a quedar con los compis de cursillo y a saber todos los cotilleos, nos cierran la piscina. Ahora la abrieron de nuevo, pero perdimos el ritmo y aunque llevamos pagando seis meses rigurosamente las cuotas, todavía no empezamos la nueva andadura, mejos dicho, nadadura. Ocasionalmente voy yo alguna manaña, pero hay un problema. Que las mañanas están llenas de jubilados desocupados que no saben en qué pasar el tiempo y ocupan las calles y te dan conversación y quieren hacer peña y no, yo voy a hacer ejercicio...y a contemplar al nadador solitario de bañador mínimo y espaldas anchas que ocupa la calle central, la de nado rápido, que me hace desear el tubo de buceo de mi Pomelo.

sábado 28 de noviembre de 2009

Ejercicio

Dicen que el ejercicio físico es fundamental para la buena salud física y mental, así como básico para mantener un cuerpo flexible y firme. Pues hasta tendrán razón y todo. Lo que está claro es que unos nacen para sacrificarse y disfrutar con ello, es decir, masoquistas y otros para cultivar la buena mesa y el descanso. Pero como al fin y al cabo recibí una educación cristiana, pues no me quedó más remedio que enfrentarme al hecho de que hay, de una manera o de otra, que mortificarse. Este convencimiento me vino con los años, parejo a la decrepitud de mi físico. Fui de las pocas personas que suspendían gimnasia y no por ser excesivamente torpe, sino porque aquello me parecía un horror, que si volteretas laterales, que si saltar el plinton, aquel instrumento de tortura lleno de cajones, que si la barra de equilibrio y lo peor de todo, el pino, en que dos de tus compañeras te sujetaban la piernas allá arriba y tú cabeza abajo.... Es decir, yo que cada vez le tengo más miedo al avión por no poder ser el piloto, ¿iba a consentir, en una posición que desafía a la gravedad de esa manera, perder el control para dejárselo a dos condiscípulas? ¿y si les caía mal?¿y si les daba un mareo? Hombre ya, acabar con la cabeza contra el suelo y reventar como una cidra cualquiera, no faltaría más. Por todo ello se amargaron mis días de instituto. Hacerme un esguince en un pie es lo que deseaba más en el mundo. A todo esto, vestida con un horroroso chandal como de espuma. Ahora si lo pienso, no estaba mal el diseño, muy setentero, pero el tejido..., se pegaba a todas partes y al mismo tiempo quedaba rígido, frío, tan sintético que da dentera pensárselo y de color azul marino con una raya blanca en el pantalón y dos en el cuello de la chaqueta. A todo esto cámbiate en unos vestuarios gélidos, eso en la segunda época de mi bachillerato, que en la primera teníamos una habitación de una especie de garaje. Una tortura. Lo que no sé es lo que llevábamos en los pies. En cuanto pude me olvidé de todo esto. Pero hete aquí que vienen los años noventa y con ellos la moda de los gimnasios y de estar tonificado, delgado y duro. Allá me fui al gimnasio. No contaré que fue un éxito, que me reconcilié con el ejercicio físico, y que esculpí mi cuerpo como una modelo, bueno no hay que exagerar, pero vamos, que me sentó de maravilla. Claro, nada que ver con el chandal de espuma. Por aquel entonces se llevaban las mallas de licra. Un poema. Qué monos eran mis conjuntos. Malla entera con body-tanga por encima. Malla a la cintura con body de cuello alto en azul eléctrico. Y varios así. No tengo fotos, mejor. Fueron unos buenos años, en los que hice buenas amistades y descubrí que un abdomen liso es bueno para todo, hasta para entrar en quirófano en la camilla, no de cirujano que por ver Anatomía de Grey no te dan el título. Pero el gimnasio cerró, por lo que me quedé sin mis horas de ejercicio, aunque bueno, yo tenía a mi primera perra, por lo que daba grandes paseos por el monte. Como no quiero aburrir, diré que cuando me quedé sin la ultima perra, porque mi mala suerte con los animales es proverbial, se acabó mi etapa andariega. Únicamente los paseos por la playa en verano, esos paseos que tanto añoro ahora en invierno, con buena lectura y accidentes digitales. Pero en mi horizonte deportivo aparece la piscina. Pero esto se está haciendo muy largo y lo dejaré para otro día, porque lo de la piscina no tiene desperdicio. Pero, ¿dónde se vio que entre largo y largo tengas que saludar? Que me están volviendo loca estos jubilados.

viernes 27 de noviembre de 2009

Nostalgia

Parece ser que cuando te vas volviendo mayor, recuerdas con mayor precisión los aconteceres de tu vida. Yo tengo muy mala memoria, es más, no recuerdo casi nada. Tengo amigas que rememoran con total exactitud aquel día de verano, lo que llevabas puesto y el estado de la mar. Yo no, no sé si el día era lluvioso, si mi pantalón era vaquero o llevaba una de aquellas faldas largas indias que usé en los primeros años de mi juventud. Es más, ni recuerdo aquel día ni aquel verano ni nada que se le aproxime. Nunca me importó demasiado, nunca fui muy dada a recordar hasta que me volví "más mayor". Total que más daba, si contaba con aquellas amigas elefantes, no por su volumen, sino por su memoria. Siempre hay ayudas para los recuerdos. Las fotos, por ejemplo. Ahora con lo digital, no hay problema ninguno, tiras cien fotos y captas cada gesto, cada inflexión de la cara. En mis tiempos, de carrete y costaba dinero revelarlas, con lo cual había que mirar mucho lo qué afotabas. Hay gente muy cuidadosa, que tiene sus fotos en álbumes, en la estantería y sin polvo. Yo no. Mis antiguas fotos en papel, están en una caja de zapatos algunas, otras posadas en una estantería, porque se van a escanear algún día que nunca llega y las más en cualquier montón de papeles encima de alguna mesa, porque se cogieron para mirar o enseñar y nunca más volvieron a su sitio. Perdí una foto estos días, una foto que me rescataba un recuerdo. Pero me es igual. Si llego a ser vieja de verdad, como mi genética me lo indica, me acordaré de aquel día y de muchos más. Pienso que podré acordarme del pasado como si fuese una película. Y si no es así ¿a quien le importa? ¿De qué valen los recuerdos, si no están las personas con quien los viviste para poder compartirlos?

domingo 8 de noviembre de 2009

Pequeñas transgresiones


La vida se compone de pequeñas transgresiones. Y ojo, o como vi un día en un letrero de advertencia para que fuese más efectivo, ¡¡HOJO!!, que ya son ganas de complicarlo todo, que ya hablaremos con calma de la ortografía, porque ahora estamos hablando de moral, pues eso ¡ojo!, que digo pequeñas, porque si fuesen grandes estaríamos hablando de delincuencia y hasta ahora somos todos muy honrados. Los pequeños hurtos, por ejemplo. No sé si será en todas las épocas, pero en mi muy reciente juventud estaba de moda la mangancia, es decir, el afanar en las tiendas. Curiosamente, cuanto más pijo se era más se mangaba. Recuerdo que se contaba con gran admiración, que unos amigos, que iban a un renombrado colegio de pago, se habían llevado una tienda de campaña que estaba expuesta en unos almacenes de la capital, de nuestra capital, ya desaparecidos: Simago, a los que la gente apodaba "Simango". Por aquel entonces, a mí ya me parecía excesivo y ahora, por supuesto, me parece un puro disparate, pero eran los finales de los setenta, cuando la gente necesitaba alguna vía de escape del orden establecido, máxime estando en el final de la adolescencia. Yo, la verdad, nunca fui muy ladronzuela, no sé si porque mi rebeldía la encauzaba de otras maneras más idealistas o bien porque nunca fui demasiado hábil en eso de poner cara de póker, pero creo que me llevé una chocolatina de un supermercado y una camiseta, pero eso ya en la edad adulta y fue porque se me quedó en el fondo del carro. Ah, y un calendario del Papa en Roma, pero porque había unas colas muy largas en el puesto de souvenirs y como seguro que la Iglesia se llevaba royaltyes, pues eso, que ya bastante nos habían cobrado en el Vaticano y por la molestia de tenerme que cubrir los hombros con una bolsa de la compra. Pero sí que en todos nosotros hay un punto canalla. Recuerdo que las latas de anchoa y otras delicatessen para nuestros paladares estudiantiles provenían del arte rateril de nuestro cocinero y su pinche, que después se tomaban un vino a la salud de los comensales, que para vinos y copas siempre hubo, vamos hombre, que hay que disfrutar de los años mozos, que pronto se acaban y que con el tiempo, por un gintonic compartido con una buena amiga acabas con una resaca que te dura dos días. Lo que nos volvemos con la vida ordenada. Pero no sólo de pan vive el hombre ni de robos cutres tampoco. El adulterio ya no se contempla en el código penal, pero sigue sin ser nada recomendable para la estética de la cabeza. En teoría, todos le somos fieles a la pareja, pero un coqueteo con el del puesto del mercadillo o un intercambio de mensajes con un viejo amigo o una conversación subida de tono en un chat o por el facebook, no son infidelidades ni motivo de separación, pero sí son parte de los pecadillos de la vida cotidiana. Es como la alimentación sana. Yo soy muy estricta con lo que como, procuro tener como base de mi dieta fruta y verdura, proteína de calidad e hidratos de carbono, en su justa medida. Pero claro, hay temporadas, estados de ánimo y situaciones de la vida. Que estamos en otoño, los días se acortan, la luz cada vez es más escasa...y se acerca la Navidad y yo adoro los polvorones, y el turrón de chocolate y el de Jijona y todos, todos, todos los dulces de esta época, excepto el mazapán, aunque si es muy bueno hasta lo tomo. Otra transgresión más. Pero vayamos a las conclusiones. La vida se compone de esos momentos, de aquel día que nos fuimos del bar sin pagar ( ya contaré en otra ocasión como nos vino a buscar el camarero a la calle) , de coquetear con el portero de la discoteca para poder entrar gratis, de meterte vestida en la cama para que tu padre no se diese cuenta de que acabas de llegar a las cinco de la mañana, de decirle a tu mejor amiga que no te apetece demasiado salir porque esperas que te llame el chico del que te enamoraste perdidamente el día anterior ... De mentiras, engaños y desleataldes se compone la salsa de la vida, que aunque de yogur y de honradez sea más sana, de vez en cuando hay que añadirle una pizca de pimienta. Pero cuidado, que el picante en exceso es dañino y que ver una comedia romántica debajo de una manta en una tarde de domingo lluviosa, con tu pareja de toda la vida, no hay dinero que lo pague; aunque bueno, caminar subida a unos Christian Louboutin del brazo de George Clooney por las calles de Nueva York no sé yo...

sábado 24 de octubre de 2009

Piropos



Frente al trabajo de Juan hay una obra. Esto suena a peli de terror o por lo menos de intriga, pero nada de eso. Es una obra normal y corriente. Eso sí, con fondos públicos, por lo que es una macro obra. No se cual es la razón, ni aquí importa para lo que voy a contar, porque si empezamos a darle vueltas a todo no acabamos más, pero los operarios son portugueses. De todos es sabido que aunque el pueblo vecino es un país maravilloso, con gente afable y ricos manjares, que adoro Portugal, pasé muchos buenos momentos de mi vida en el país vecino, por mis venas corre sangre portuguesa y tengo raíces en ese país hay que reconocer que llevan un pelín de retraso social con relación a nosotros, es decir, que se vive como vivíamos aquí hace años. Ya sé que esto no es políticamente correcto, que acabo de hacer lo que critiqué en la entrada anterior (a la que no voy a enlazar porque está aquí abajo y además porque acabo de aprender a hacerlo y me lío), pero pienso que es así. Bueno, pues después de tanta justificación, a lo que iba. Pues que los obreros son como eran los obreros antiguamente, que a toda mujer se la homenajea al pasar. Esto suena al más deleznable machismo, porque lo es, hombre todavía recuerdo cuando en mis tiempos mozos no podías pasar por un aserradero vecino porque los operarios te lanzaban los mayores improperios y corrían detrás de ti y cosas así. Por supuesto no dijeras nada que ibas provocando. Esto era así hace algunos años y era espantoso, te creaba inseguridad, te hacía sentir culpable y te hacía pensar que no era justo lo que vivías. Pero por fortuna en la actualidad ya no es así y lo que hacen los portugueses en cuestión no tiene nada que ver con eso. Juan dice que son muy elegantes, que no dicen ninguna ordinariez y que si las dicen son en un portugués tan cerrado que no se entiende. Tienen una buena organización, como si se tratase de parte de su trabajo. El primero que ve al objeto de admiración, lanza un silbido que es como el aviso general y a esto se suceden gritos, silbidos más largos y aullidos varios. Con el verano el calor aprieta y la gente anda con ropa más fresca, las ventanas se abren para que entre el aire, con lo cual las voces de la calle llegan con mayor facilidad. Según sea lo que se oye así se detectarán movimientos en el edificio de enfrente a la obra. Habrá que asomarse a fumar un pitillo, los fumadores, o a respirar aire fresco los no fumadores. Cuando el jolgorio exterior es mucho ya no hay disculpa que valga, hay que acercarse a las ventanas como sea, así está atendiendo a una persona o esté terminando un trabajo en el ordenador, lo más importante es ir, como sea, a ver lo que sucede fuera y si hay algo digno de inmortalizar, porque ya puestos, tirar una foto no cuesta tanto. La obra en cuestión está al lado de un paseo marítimo, por lo que el tráfico viandantil es muy fluido. Yo me imagino que a las chicas jóvenes les incomodará pasar por ahí, como a mi me sucedía con el aserradero en cuestión, pero para las que tenemos mas edad la disyuntiva es diferente. Si paso y me dicen algo, me tengo que indignar y llamarles machistas, energúmenos y cosas por el estilo, porque en estos tiempos no voy a consentir que se denigre a la mujer, pero, ¿ y si no me silban? Vamos, que yo este verano no fui ni una sola vez a esperar a Juan, por lo que pudiera pasar. Aunque bueno, ¿qué es un albañil frente a un camionero? Que como piropeadores a estos últimos no les gana nadie, que una cabeza asomándose por la ventanilla, con el poderío que da llevar entre las manos el volante de pedazo de camión, no lo supera ningún cinturón de seguridad del andamio. Que me diga alguien si un albañil podría decir "Con ese movimiento de culo te va a salir la caca mareada" Ya sé que es una grosería, pero yo casi me muero de la risa cuando lo oí y eso que era jovencita. Por supuesto lo dijo un camionero, que disminuyó la marcha para que lo pudiera oír. ¿Y el sonido de un claxon?, no hay silbido que lo supere. Sí, yo me declaro defensora de este gremio, que después de los bomberos ocupan el puesto más alto en los mitos eróticos de estos dos últimos siglos, porque si nos remitimos a tiempos pretéritos no se si podrían competir con los Mirmidones, por ejemplo. Que se me va la olla. Pues sí, que una ya está mayor y cuando este verano llevaba yo la basura al contenedor de camino a la playa y una ráfaga de viento indiscreta me subió el kaftán, lo que menos esperaba yo era oír el sonido de una bocina para llamar mi atención y que pudiera ver el gesto de admiración que me hacía el conductor del enorme vehículo que circulaba a mi vera. Pues, digo una cosa, que así sean como el de la película de Spielberg, benditos, por siempre, benditos camioneros.

lunes 24 de agosto de 2009

Tópicos II


Me encantan los números romanos, aunque si lo pienso un poco ¿hay a alguien a quien no le gusten? Es que queda mucho más bonito en el título poner "Tópicos II" que "Tópicos 2" Sí, son preciosos aunque de pequeños haya costado aprenderlos, la verdad, que lo de pasar a de tres a cuatro era un poco complicado y lo de cincuenta y quinientos me costó trabajo, es más tendría que pensar para saber cual es cual. Quién es quién, eso sí que es más difícil es este mundo de hoy en el que las apariencias rigen casi toda nuestra vida. No sé si a alguien le habrá pasado pero se produce un fenómeno esquizofrénico cuando estás hablando con alguien que no conoces demasiado y te das cuenta que se está comportando de una manera que induce a la confusión. Me explico, no es lo de, "Jasusa, cuanto tiempo sin verte" "Perdone, pero no se quien es usted". "Mujer, claro que lo sabes, que estuvimos juntas trabajando en aquella casa y tú eras la que tenía aquel problema de gases." Esto le pasó a una persona que yo conozco, tan fina y glamurosa ella que casi le da un desvanecimiento cuando oyó lo que acabo de relatar, sobre todo si pensamos que las palabras utilizadas no eran exactamente las escritas por mi. Pero no hablo yo de una confusión de este estilo, porque naturalmente a esta pobre chica la habían confundido con otra. No, hablo de un algo que no todo el mundo capta, porque no todos tienen una sensibilidad como la mía, todo hay que decirlo sin rubores y sin falsa modestia. Estás hablando con alguien y te das cuenta que te está dando información que no has pedido, porque únicamente quieres comentar lo buena que está el agua, que te llega a las rodillas, en esa tarde maravillosa de playa. Pues no, erre que erre a contarte todo el currículum académico de familia y amigos. No lo entiendes, pero lo terminas percibiendo, por razones ajenas a tu voluntad esta persona te está transmitiendo un mensaje muy claro, que te obliga a reflexionar sobre la imagen que sin quererlo estás dando de ti misma. Este es un tópico más de tantos, juzgarte por tu apariencia, por tus gestos o por la lengua que puedas hablar en un momento determinado. Es muy complicado relacionarse, con lo fácil que sería si todos llevásemos un indicador de estado como en los Sims. Tengo un diamante verde sobe la cabeza, eso quiere decir que me encuentro a gusto, que se cambia a amarillo, o es que me muero de hambre o es que me estás aburriendo de mortandad instantánea. Pero no es así, en la vida hay que disimular, disimular porque no quieres hacer daño, porque tu puesto de trabajo peligra o porque no quieres quedarte solo. Aunque hay otros tópicos más enervantes que normalmente suelen ir unidos a la intolerancia. "Mis mejores amigos son gays" esta es una frase que se oye mucho, tras la cual suele ir un "pero": no deberían dejar que se casaran, no deberían adoptar y cosas similares. Siempre me he preguntado y tus íntimos amigos gays, ¿qué dicen a eso?, hombre que cada uno piense como quiera, pero que no se intenten ocultar comportamientos homófobos con amistades inexistentes, vamos que dudo mucho que amistad y "si son tronchantes","si yo me parto de la risa con la pluma que tienen" sea compatible. Hay también otro tópico que no sé que tipo de conducta enmascara, pero que también me parece de lo más estúpido. "Pueden decir que no creen en nada, pero cuando uno se va a morir, todos en su interior se vuelven creyentes" ¿Pero cuantas veces te has muerto? te dan ganas de preguntarle al decidor de esta estulticia. Pero después están las realidades, siendo la mayor de ellas que en tu vaso de bolis puede haber mil rotuladores, de punta gruesa, indeleble, fluorescente, finísimo, azul, negro o pistacho pero jamás habrá un boli normal, de los de toda la vida, un bic naranja o un bic cristal, "dos escrituras a elegir, bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal".

miércoles 29 de julio de 2009

Tópicos






Hoy, como está un día un horrible y no puedo ir a la playa, decidí dedicarme a las tareas del hogar con más afán que otros días, pero después pensé que no, que de vez en cuando hay que disfrutar de las tardes lluviosas del verano para hacer todas aquellas cosas que sí hacemos durante el invierno pero que en la estación cálida omitimos porque no tenemos tiempo. Lo cual es una mentira, porque este año no existe el verano, por lo que estoy llevando casi la misma vida que en invierno, lo que no deja de ser otra buena disculpa para concluir que hoy no tenía ganas de hacer nada y que a lo tonto me estoy pasando la tarde holgazaneando. Tanto holgazaneé esta tarde que hasta me cansé de escribir y dejé la entrada a medias. Pero como el mal tiempo sigue continúo en casa, sin ir a la playa porque además tuve un eritema solar por lo que eso de aprovecho en la terraza un rayito y me bronceo un brazo, ya no, porque tendría que untarme de crema y el esfuerzo no me compensa, ya dije lo vaga que estoy este agosto. En agosto frío en el rostro, dice el refranero, pero también dice zapatero a tus zapatos. No voy a hablar del presidente, aunque con la política tan convulsa que tenemos ultimamente si hablas de algo que lleve Z ya piensan que estás hablando del Gobierno, cuando tú lo que querías era hablar de unas sandalias de tacón alto o del zorro, por ejemplo. Pero yo tampoco quería hablar de calzado, que ultimamente no se porque razón me da por los zapatos, a pesar de que nunca tuve demasiado interés por ellos, que a mi lo que iba era Yo Tarzán y tú Jane, o sea, andar descalzo, quería decir, que ya me empieza la dispersión, no sé por qué. Por cierto, que para mí Tarzán siempre será Johnny Weissmüller, hombre, que me dio mucha pena que acabase en el geriátrico dando gritos de tarzán por los pasillos, que supongo que a las cuidadoras se les derribaría un mito. Pero a mí no, que, con permiso de Burroughs, Tarzán siempre será Johnny. Pero tampoco quería hablar de Tarzán que yo quería hablar hoy de tópicos, bueno hoy no, el día que empecé la entrada, pero como ya pasó un tiempo, pues no me acuerdo que quería contar. Tengo apuntado en mi libretita de notas, que es monísima por cierto, aunque el otro día la malvada de Volty le decía a una buena amiga mía," que penita de agenda, tan bonita y la estropea con una letra tan horrorosa, se la regalé yo, pero ya me pesó". No creo que gastase mucho, porque mi hermana tendrá muchas virtudes, pero espléndida nunca fue, pero en fin, lo que tengo apuntado es : Tópicos y asignaturas pendientes. No tengo ni idea a lo que me pude referir cuando apunté eso. Bien, ya me volví a perder. En una tarde como la de hoy nos hallamos en los ordenadores, cada uno haciendo sus cosas, cerca, porque las mesas están el L, colocados de tal manera que tenemos independencia pero podemos comunicarnos. Caramba, acabo de dar las claves para que una pareja funcione, ni que yo fuera la srta. Francis. Bueno, pues a lo que iba. Estábamos mirando una foto de mi medio pomelo, cuando se me ocurrió hacer una recreación propia. Yo creo que me quedó bien, aunque él me dijo que era una chapuza, que no consistía la historia en poner, superponer e iluminar o algo parecido, dijo, que antes había que hacer la foto y después saber lo que se quiere hacer y no ir a lo loco y que además es muy fácil decir pon y sube y baja sin tocar nada. De ahí lo del refrán de antes, pero como el refranero sólo es indicativo de la sabiduría popular que no siempre va pareja con el acontecer de los tiempos y con el photoshop, pues yo creo que me quedó bien bonita, más bonita que la que hizo el fotógrafo que la tiró. Y la demostración está aquí, la foto original, la foto que construí y la que retocó él, pero no en el mismo orden forzosamente.