martes, 20 de enero de 2009

Dedicatorias


Lo más terrible de ser famoso, seguro que es tener que dedicar libros o fotos o la camiseta o la barriga de alguien. Imaginaos la situación: "Escríbeme algo", te dice una fan enfervorizada, y te enseña un bandullo abombado y y blancuzco. La impresión no te deja respirar, pero como ya estás hecha a estas lides, con una gran sonrisa le pones "con mucho cariño, Blaconcia Megaestrella". En realidad le habrías escrito de haber querido los Episodios Nacionales, pues en aquella tripa cabrían y sobraría sitio, pero tampoco se trata de aburrir a las amigas mientras lo leen, pues vamos, que si alguien te pide que le escribas en una parte de su cuerpo, no tiene la costumbre de leer a Galdós, como me dijo mi culto esposo que va a hacer este verano. Pero situaciones como ésta supongo que no tendrán que vivirlas los escritores, que como mucho firmarán un libro o una servilleta de bar. Porque hay gente para todo. Que estés tomando el pulpo a la feria un domingo en una pulpería callejera y te digan: "Me he leído todos sus libros", si sólo tengo dos piensas tú. Lo que pasa que como saliste en aquel programa de la gallega entrevistada por Piñeiro, resulta que ahora te conoce todo el mundo. Seguro que no te leyó, pero eres famosa. Con lo cual no tienes más remedio que firmarle en una servilleta que que pone Pulpería Rías Baixas. Con unas manos grasientas le escribes "Con mucho apetito, Blaconcia Megaescritora" Y aun encima a la tía parece no gustarle. ¿Pero qué le vas a escribir en momentos como esos? Pero este tipo de dedicatorias no son las únicas que tenemos que escribir a lo largo de la vida. Desde el libro que regalamos a un amigo, que quiere que pogas algo de recuerdo y tú le dices que es tu mejor amigo y lo adoras, lo que seguramente es mentira, porque si lo fuese no le habrías regalado el primer libro que viste porque no sabes sus gustos, o a ese chico que te gusta y le compras el libro de tu escritor preferido y resulta que cuando se lo das te dice, "vaya, un libro". Ya sabes entonces que nunca leyó nada en su vida, como mucho algún periódico deportivo, porque fijo que le gusta el futbol y todos esos deportes que se juegan en equipo y son aburridísimos, dónde todos los jugadores van vestidos con trajes horrendos, no los civilizados como natación o gimnasia. Aunque bueno, estas últimas olimpiadas fueron desastrosas. No se a quien se le pudo ocurrir ponerle esos bañadores horrendos a los nadadores, con lo mono que estaba Mark Spitz con su diminuto bañador de la bandera americana... Que me disperso. Tenía yo un autógrafo de este nadador, al que adoraba, que me había traído una prima mía de las Olimpiadas de Munich. Al cabo de los años me confesó que era falso, que compró la foto y lo firmó ella. No me disgusté porque ya era mayor, pero vamos, dejé de creer en el género humano, porque con los autógrafos de los famosos no se bromea. Las alianzas de boda, por ejemplo. Hay que hacerles una inscripción. Hay quien le pone "para el amor de mi vida", pero lo normal es ponerle el nombre, porque ahora la vida es muy larga y amores, esperemos que muchos. Bien, lo que hace todo el mundo es intercambiar los nombres. Es decir, en la de él pones el tuyo y en la tuya el de él. Pues no, conozco a una persona que no hizo así. Pensó que lo más lógico es que cada alianza llevase el nombre de su dueño, pues como son iguales, no vaya a ser que se confundan. De este sucedido hay dos cosas que no acabo de entender. Lo primero el tamaño, que siempre importa, como TODAS sabemos y en este caso también. Uno tendrá el dedo más grande que el otro. En parejas hetero normalmente el hombre, por lo que no se pueden confundir. Además la alianza se pone en el dedo y allí se deja hasta el día de la muerte, en que la viuda se coloca las dos. A no ser que lavándote las manos se vaya por el desagüe, pero eso querrá decir que como estás mucho más delgada es el momento de buscarte otro marido, por lo menos más rico. Lo segundo que no entiendo, es porqué dejaron ir a esa señora sola, porque era una señora y lo sigue siendo que es muy fina ella, a una cuestión tan peliaguda. Por cierto, esa misma señora, años más tarde, dejaría a su hija olvidada dentro de su cochecito en una tienda (después recordó que llevaba algo en la mano y volvió a por ella) Volvamos a lo que nos preocupa. Las dedicatorias. Yo creo que lo mejor es ir practicando para que la fama no te sorprenda sin saber qué escribir. Así que ya sabeis, que hago una nota para el super, una docena de huevos, pan de molde y "arrobas de felicidad para el resto de tu vida". Que le entrego a mi jefe la contabilidad del mes, "con cariño y gratitud". Que le firmo el recibo del certificado al cartero "Con mis mejores deseos" Ahora bien, cuando vayas al banco y te dice una firmita no le preguntes al empleado que si la prefiere en la espalda o en un brazo, pensará que eres familiar de la señora que se dejó a la niña en la tienda de su suegra y que otro día se marchó con el bastón de su pobre suegro impedido, porque llovía y pensó que era su paraguas.

jueves, 1 de enero de 2009

Campanadas

Soy jugadora de Los Sims desde hace muchos años. Empecé con los Sims uno, cuando aquellos pobres seres no eran mas que figuras planas, con las mismas ropas y unas cuantas caras, que, como hicieras muchos, terminabas repitiéndolas. Sin embargo, me entretenían bastante. Después salió la nueva generación, con sus caras creadas por ti, con sus pieles nuevas, con sus pelos personalizados. Aunque en los primeros ya había creaciones de los usuarios, con la segunda parte ya fue la revolución. Ahora van a la última moda, las casas se renuevan continuamente, con cada expansión aparecen nuevos contenidos, que te permiten personalizarlos más. Ya juego menos, lo único que hago es bajarme miles de cosas, hacer casas nuevas, nuevos habitantes para ellas y ahí se queda la historia. Ahora saldrán los Sims tres, este año que entra. Parecen bastante feos, pero hay gente que enseguida comenzará a hacerles nuevas caras, para que de nuevo volvamos a engancharnos a las descargas como locos. Lo mismo sucedía en Second Life. Todas esas historias de que la gente vivía una segunda vida allí, que trabajaba, negociaba y vivía como si fuese el Metaverso de Snow Crash (novela que recomiendo): mentira cochina. No digo que hubiese gente que lo hiciera, pero yo, en mi experiencia (que no tengo por qué decir humilde, porque ni yo lo soy ni mi experiencia tampoco) no lo vi. La mayoría de las almas que poblaban este universo, de lo único que se preocupaban era de comprarse ropa o pieles de pago, que los distinguieran de la masa que usábamos free, de chatear y de tener sexo. Me aburrí enseguida. Fui a los sitios interesantes, viajé por Roma y Londres, pero nada de nada. Los sitios que se suponían deberían estar abarrotados por el interés cultural que ofrecían, estaban vacíos. Hombre, que me fui a la Fundación Torrente Ballester toda ilusionada y no había nadie. Eso sí las playas nudistas, las discotecas y los casinos, abarrotados de gente, como la vida misma. Pues para eso no voy. Algo ligué, pero con mis ropas de baratillo y mis pelos de gratis poco pude hacer, que ligaba más en mis tiempos mozos en las fiestas del pueblo o cuando era estudiante. A todo esto, yo en esta entrada no quería hablar para nada de estos temas. Simplemente hacía mención a los Sims para comentar algo que me viene rondando la cabeza desde la noche de ayer. Imagina que, por una vez, no es el genio de la lámpara el que se aparece, es un genio más retorcido que te dice que nada de tres deseos, sino que tres de tus mayores miedos se van a cumplir. Chungo, ¿verdad? Como todos sabemos, hay miedos mayores y miedos menores. Que se muera alguien, que tú o los tuyos tengais una enfermedad seria, que te abandone el cerdo de tu marido por una de veintitantos con las tetas allá arriba y la misma cintura que tú tenías hace unos cuantos años, son miedos mayores los dos primeros y una tontería lo último, porque a enemigo que huye puente de plata y a marido idiota, cubano joven. Pero eso, imagínate que cuando te toca, por algo todo en la vida es aleatorio, se cumple un miedo de esos que te atenazan. Algo puntual, no los miedos mayores, que no, hombre, que no nos vamos a poner nerviosos ni a amargar, que solo hablamos de inconvenientes, no de desgracias. Tienes un examen, lo puedes aprobar con nota, sin nota, o suspender por burra, por no haber estudiado o por mala letra (a mi me pasó) Pues toca genio malvado. Te lo suspenden porque justo te quedaste dormida cuando ibas a estudiarte ese tema. Tu miedo era que te preguntasen algo sobre él. Miedo realizado. Y así con todo. Entran sudores al pensarlo. Ese chico maravilloso que piensas va a ser el amor de tu vida, porque con lo guapo que es y lo listo y lo culto no puede ser tan tonto como para dejarte escapar, no puede dejarte plantada. Pues son las cinco de la mañana y no pasó todavía a buscarte cuando quedasteis para cenar. No esperes más, miedo realizado (esto es un guiño a Harry Potter y a sus travesuras del mapa del Merodeador) Pensadlo bien, da mieditis. Pues la vida es así, no hace falta ningún genio. Cuando voy a salir de viaje me da pánico pensar que algo va a salir mal y no voy a poder salir de casa. Barajo todos los posibles inconvenientes, trato de controlar todo mi entorno, de hacer todos los preparativos para que nada puede salir mal. Cuando estás tranquila porque todo lo tienes bajo control, surge lo imprevisto. Resulta que acabas en el sofá viendo las campanadas de fin de año cuando deberías estar en una cena maravillosa en una ciudad lejana (licencia literaria porque era Oviedo) Miedo realizado. Lo que no acabo de entender es por qué, si ya hay trampas que nos pone el destino (suena a telenovela), tengo que inventar ahora un genio malévolo que además nos viene a complicar más las cosas. Que me da mucha grima, que encima seguro que es feo y con verrugas y no lleva turbante.
PD. No sufrais por mi, cené jamón del bueno y queso manchego y mi chico se sentía tan culpable que el fin de año al final tampoco estuvo tan mal. Ah, y el último fin de semana del mes decido yo el destino.