miércoles, 29 de julio de 2009

Tópicos






Hoy, como está un día un horrible y no puedo ir a la playa, decidí dedicarme a las tareas del hogar con más afán que otros días, pero después pensé que no, que de vez en cuando hay que disfrutar de las tardes lluviosas del verano para hacer todas aquellas cosas que sí hacemos durante el invierno pero que en la estación cálida omitimos porque no tenemos tiempo. Lo cual es una mentira, porque este año no existe el verano, por lo que estoy llevando casi la misma vida que en invierno, lo que no deja de ser otra buena disculpa para concluir que hoy no tenía ganas de hacer nada y que a lo tonto me estoy pasando la tarde holgazaneando. Tanto holgazaneé esta tarde que hasta me cansé de escribir y dejé la entrada a medias. Pero como el mal tiempo sigue continúo en casa, sin ir a la playa porque además tuve un eritema solar por lo que eso de aprovecho en la terraza un rayito y me bronceo un brazo, ya no, porque tendría que untarme de crema y el esfuerzo no me compensa, ya dije lo vaga que estoy este agosto. En agosto frío en el rostro, dice el refranero, pero también dice zapatero a tus zapatos. No voy a hablar del presidente, aunque con la política tan convulsa que tenemos ultimamente si hablas de algo que lleve Z ya piensan que estás hablando del Gobierno, cuando tú lo que querías era hablar de unas sandalias de tacón alto o del zorro, por ejemplo. Pero yo tampoco quería hablar de calzado, que ultimamente no se porque razón me da por los zapatos, a pesar de que nunca tuve demasiado interés por ellos, que a mi lo que iba era Yo Tarzán y tú Jane, o sea, andar descalzo, quería decir, que ya me empieza la dispersión, no sé por qué. Por cierto, que para mí Tarzán siempre será Johnny Weissmüller, hombre, que me dio mucha pena que acabase en el geriátrico dando gritos de tarzán por los pasillos, que supongo que a las cuidadoras se les derribaría un mito. Pero a mí no, que, con permiso de Burroughs, Tarzán siempre será Johnny. Pero tampoco quería hablar de Tarzán que yo quería hablar hoy de tópicos, bueno hoy no, el día que empecé la entrada, pero como ya pasó un tiempo, pues no me acuerdo que quería contar. Tengo apuntado en mi libretita de notas, que es monísima por cierto, aunque el otro día la malvada de Volty le decía a una buena amiga mía," que penita de agenda, tan bonita y la estropea con una letra tan horrorosa, se la regalé yo, pero ya me pesó". No creo que gastase mucho, porque mi hermana tendrá muchas virtudes, pero espléndida nunca fue, pero en fin, lo que tengo apuntado es : Tópicos y asignaturas pendientes. No tengo ni idea a lo que me pude referir cuando apunté eso. Bien, ya me volví a perder. En una tarde como la de hoy nos hallamos en los ordenadores, cada uno haciendo sus cosas, cerca, porque las mesas están el L, colocados de tal manera que tenemos independencia pero podemos comunicarnos. Caramba, acabo de dar las claves para que una pareja funcione, ni que yo fuera la srta. Francis. Bueno, pues a lo que iba. Estábamos mirando una foto de mi medio pomelo, cuando se me ocurrió hacer una recreación propia. Yo creo que me quedó bien, aunque él me dijo que era una chapuza, que no consistía la historia en poner, superponer e iluminar o algo parecido, dijo, que antes había que hacer la foto y después saber lo que se quiere hacer y no ir a lo loco y que además es muy fácil decir pon y sube y baja sin tocar nada. De ahí lo del refrán de antes, pero como el refranero sólo es indicativo de la sabiduría popular que no siempre va pareja con el acontecer de los tiempos y con el photoshop, pues yo creo que me quedó bien bonita, más bonita que la que hizo el fotógrafo que la tiró. Y la demostración está aquí, la foto original, la foto que construí y la que retocó él, pero no en el mismo orden forzosamente.

domingo, 12 de julio de 2009

John Doe


"Es increíble, pero este señor está más integrado en el pueblo que nosotros", me decía Juan ayer, cuando fuimos a dar un paseo por la feria del mar o algo así que había en el pueblo-ayuntamiento al que pertenece la parroquia en la que vivo. Es en esa población dónde vivimos muchos años antes de trasladarnos al rural. Por cierto que eso de que el sol quema, abrasa y te deja la piel a tiras es verdad. Salí toda mona y veraniega con una camiseta sin mangas para lucir mi moreno y resulta que llegué como un camarón en escote y hombros, vamos que este sol es de un traicionero que te decepciona, porque si ahora hasta hay que salir con protección para tomar una caña, que casi estoy por contratar unos escoltas que me protejan, porque con sombrilla hay que salir. No quiero ni contar como se le puso la cabeza al pobre de Juan, porque sin protección capilar el sol se vengó a gusto, pero eso fue por terquedad, no por descuido, que yo bien que le advertí, pon una gorra, que no está tu azotea para exposiciones temerarias. Ni caso. Pues yo quería hablar de este señor, que se me va la cabeza. Resulta que es un inglés jubilado que se vino a vivir con su mujer al pueblo vecino. Y claro, como si de una serie se tratara, se integró de tal manera que ahora es el hombre más feliz. Se relaciona con todo el mundo, saluda a todo el que pasa. Parece ser que es músico y se pasa parte del tiempo tocando la guitarra bajo los soportales, cantando bajito. También juega al ajedrez con todo el que, en la placita dónde sienta sus reales, se quiere acercar a jugar con él. Pero no debe de ser un bohemio, porque se compró un piso, que no se trajo una roulotte ni se instaló debajo de un puente, que mal se lo vería yo, porque muchos puentes por aquí no hay, excepto el de las Letras gallegas que siempre pasan mi hermana y sus hijas en mi casa, salvo si cae en fin de semana. De la historia de este buen señor no sé nada, porque todavía no me documenté, pero me la imagino sin conocerla. Viene de una ciudad como Liverpool, que suena a Beatles, de ahí su afición a la música. Trabajaba en una fábrica apestosa y cuando pudo dejar esa vida decidió huir a un lugar lejos de su país, a uno dónde el clima fuese parecido pero no tan crudo. Su elección tenía que ser Galicia, por supuesto, con una humedad y una luz parecidas a las de su hogar, pero con un clima más suave y una gente menos fría, igual de ruda pero con una calidez que hace que se forjen amistades de verdad. Conoció la "muy noble y muy leal" en un viaje con su mujer hace años. Paseando por sus calles decidió que bajo sus arcos tenía que pasar sus años de retiro y en cuanto pudo, vendió todo lo que tenía y se vino. Pasa muchas horas paseando, disfrutando del olor a mar, conociendo a sus vecinos, convirtiendo el pueblo en su hogar. Si hasta forma parte de una agrupación pequeña de músicos en los que tocan por el placer de hacerlo, de pasar la gorra, pasar un rato cantando y despues tomarse unas tazas y echarse unas risas. Yo lo vi ayer por primera vez, me lo enseñó Juan mientras nos quemábamos. Hace tiempo que nosotros estamos buscando un lugar para cuando nos jubilemos. Ya lo decidimos, un pequeño pueblo en Italia, dónde el clima sea suave, la luz brillante, dónde se pueda pasear por la calle sin que todo sea gris y húmedo alrededor. Dónde el idioma no sea un obstáculo y se puedan comer buenas verduras y sabrosos quesos. Allí si que estaremos integrados, le contesté yo a mi medio pomelo, porque para estar integrado, que la gente te sonría, que te abran sus casas y sus corazones, tienes que ser extranjero. Para que alguien pase un rato de su tiempo inventándose tu vida tienes que ser ajeno, con el vecino ni nos molestamos en darle los buenos días. Nos iremos a Italia, queremos tener un lugar en el que sentirnos en casa lejos de ella. Además siempre nos invadirá en mayo la familia.