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domingo, 8 de noviembre de 2009

Pequeñas transgresiones


La vida se compone de pequeñas transgresiones. Y ojo, o como vi un día en un letrero de advertencia para que fuese más efectivo, ¡¡HOJO!!, que ya son ganas de complicarlo todo, que ya hablaremos con calma de la ortografía, porque ahora estamos hablando de moral, pues eso ¡ojo!, que digo pequeñas, porque si fuesen grandes estaríamos hablando de delincuencia y hasta ahora somos todos muy honrados. Los pequeños hurtos, por ejemplo. No sé si será en todas las épocas, pero en mi muy reciente juventud estaba de moda la mangancia, es decir, el afanar en las tiendas. Curiosamente, cuanto más pijo se era más se mangaba. Recuerdo que se contaba con gran admiración, que unos amigos, que iban a un renombrado colegio de pago, se habían llevado una tienda de campaña que estaba expuesta en unos almacenes de la capital, de nuestra capital, ya desaparecidos: Simago, a los que la gente apodaba "Simango". Por aquel entonces, a mí ya me parecía excesivo y ahora, por supuesto, me parece un puro disparate, pero eran los finales de los setenta, cuando la gente necesitaba alguna vía de escape del orden establecido, máxime estando en el final de la adolescencia. Yo, la verdad, nunca fui muy ladronzuela, no sé si porque mi rebeldía la encauzaba de otras maneras más idealistas o bien porque nunca fui demasiado hábil en eso de poner cara de póker, pero creo que me llevé una chocolatina de un supermercado y una camiseta, pero eso ya en la edad adulta y fue porque se me quedó en el fondo del carro. Ah, y un calendario del Papa en Roma, pero porque había unas colas muy largas en el puesto de souvenirs y como seguro que la Iglesia se llevaba royaltyes, pues eso, que ya bastante nos habían cobrado en el Vaticano y por la molestia de tenerme que cubrir los hombros con una bolsa de la compra. Pero sí que en todos nosotros hay un punto canalla. Recuerdo que las latas de anchoa y otras delicatessen para nuestros paladares estudiantiles provenían del arte rateril de nuestro cocinero y su pinche, que después se tomaban un vino a la salud de los comensales, que para vinos y copas siempre hubo, vamos hombre, que hay que disfrutar de los años mozos, que pronto se acaban y que con el tiempo, por un gintonic compartido con una buena amiga acabas con una resaca que te dura dos días. Lo que nos volvemos con la vida ordenada. Pero no sólo de pan vive el hombre ni de robos cutres tampoco. El adulterio ya no se contempla en el código penal, pero sigue sin ser nada recomendable para la estética de la cabeza. En teoría, todos le somos fieles a la pareja, pero un coqueteo con el del puesto del mercadillo o un intercambio de mensajes con un viejo amigo o una conversación subida de tono en un chat o por el facebook, no son infidelidades ni motivo de separación, pero sí son parte de los pecadillos de la vida cotidiana. Es como la alimentación sana. Yo soy muy estricta con lo que como, procuro tener como base de mi dieta fruta y verdura, proteína de calidad e hidratos de carbono, en su justa medida. Pero claro, hay temporadas, estados de ánimo y situaciones de la vida. Que estamos en otoño, los días se acortan, la luz cada vez es más escasa...y se acerca la Navidad y yo adoro los polvorones, y el turrón de chocolate y el de Jijona y todos, todos, todos los dulces de esta época, excepto el mazapán, aunque si es muy bueno hasta lo tomo. Otra transgresión más. Pero vayamos a las conclusiones. La vida se compone de esos momentos, de aquel día que nos fuimos del bar sin pagar ( ya contaré en otra ocasión como nos vino a buscar el camarero a la calle) , de coquetear con el portero de la discoteca para poder entrar gratis, de meterte vestida en la cama para que tu padre no se diese cuenta de que acabas de llegar a las cinco de la mañana, de decirle a tu mejor amiga que no te apetece demasiado salir porque esperas que te llame el chico del que te enamoraste perdidamente el día anterior ... De mentiras, engaños y desleataldes se compone la salsa de la vida, que aunque de yogur y de honradez sea más sana, de vez en cuando hay que añadirle una pizca de pimienta. Pero cuidado, que el picante en exceso es dañino y que ver una comedia romántica debajo de una manta en una tarde de domingo lluviosa, con tu pareja de toda la vida, no hay dinero que lo pague; aunque bueno, caminar subida a unos Christian Louboutin del brazo de George Clooney por las calles de Nueva York no sé yo...

miércoles, 29 de julio de 2009

Tópicos






Hoy, como está un día un horrible y no puedo ir a la playa, decidí dedicarme a las tareas del hogar con más afán que otros días, pero después pensé que no, que de vez en cuando hay que disfrutar de las tardes lluviosas del verano para hacer todas aquellas cosas que sí hacemos durante el invierno pero que en la estación cálida omitimos porque no tenemos tiempo. Lo cual es una mentira, porque este año no existe el verano, por lo que estoy llevando casi la misma vida que en invierno, lo que no deja de ser otra buena disculpa para concluir que hoy no tenía ganas de hacer nada y que a lo tonto me estoy pasando la tarde holgazaneando. Tanto holgazaneé esta tarde que hasta me cansé de escribir y dejé la entrada a medias. Pero como el mal tiempo sigue continúo en casa, sin ir a la playa porque además tuve un eritema solar por lo que eso de aprovecho en la terraza un rayito y me bronceo un brazo, ya no, porque tendría que untarme de crema y el esfuerzo no me compensa, ya dije lo vaga que estoy este agosto. En agosto frío en el rostro, dice el refranero, pero también dice zapatero a tus zapatos. No voy a hablar del presidente, aunque con la política tan convulsa que tenemos ultimamente si hablas de algo que lleve Z ya piensan que estás hablando del Gobierno, cuando tú lo que querías era hablar de unas sandalias de tacón alto o del zorro, por ejemplo. Pero yo tampoco quería hablar de calzado, que ultimamente no se porque razón me da por los zapatos, a pesar de que nunca tuve demasiado interés por ellos, que a mi lo que iba era Yo Tarzán y tú Jane, o sea, andar descalzo, quería decir, que ya me empieza la dispersión, no sé por qué. Por cierto, que para mí Tarzán siempre será Johnny Weissmüller, hombre, que me dio mucha pena que acabase en el geriátrico dando gritos de tarzán por los pasillos, que supongo que a las cuidadoras se les derribaría un mito. Pero a mí no, que, con permiso de Burroughs, Tarzán siempre será Johnny. Pero tampoco quería hablar de Tarzán que yo quería hablar hoy de tópicos, bueno hoy no, el día que empecé la entrada, pero como ya pasó un tiempo, pues no me acuerdo que quería contar. Tengo apuntado en mi libretita de notas, que es monísima por cierto, aunque el otro día la malvada de Volty le decía a una buena amiga mía," que penita de agenda, tan bonita y la estropea con una letra tan horrorosa, se la regalé yo, pero ya me pesó". No creo que gastase mucho, porque mi hermana tendrá muchas virtudes, pero espléndida nunca fue, pero en fin, lo que tengo apuntado es : Tópicos y asignaturas pendientes. No tengo ni idea a lo que me pude referir cuando apunté eso. Bien, ya me volví a perder. En una tarde como la de hoy nos hallamos en los ordenadores, cada uno haciendo sus cosas, cerca, porque las mesas están el L, colocados de tal manera que tenemos independencia pero podemos comunicarnos. Caramba, acabo de dar las claves para que una pareja funcione, ni que yo fuera la srta. Francis. Bueno, pues a lo que iba. Estábamos mirando una foto de mi medio pomelo, cuando se me ocurrió hacer una recreación propia. Yo creo que me quedó bien, aunque él me dijo que era una chapuza, que no consistía la historia en poner, superponer e iluminar o algo parecido, dijo, que antes había que hacer la foto y después saber lo que se quiere hacer y no ir a lo loco y que además es muy fácil decir pon y sube y baja sin tocar nada. De ahí lo del refrán de antes, pero como el refranero sólo es indicativo de la sabiduría popular que no siempre va pareja con el acontecer de los tiempos y con el photoshop, pues yo creo que me quedó bien bonita, más bonita que la que hizo el fotógrafo que la tiró. Y la demostración está aquí, la foto original, la foto que construí y la que retocó él, pero no en el mismo orden forzosamente.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Gastronomía (resucitada)


Sucumbimos a las modas. Estamos muy tranquilos dándole al cocido y a las lentejas, cuando alguien decide que lo oriental está de moda, por ejemplo. Y venga, a hacer gastos. Que si los cuencos, los palillos y todo rojo y negro que queda muy bien y es muy nipón. Porque esa es otra. Muy pocos distinguen lo que es chino, japonés o coreano y el mezcladillo es algo que ni te cuento. Que compramos un wok y pretendemos hacer sushi a fuego vivo. Porque el wok es uno de lo primeros elementos de la cocina oriental que adquirimos. Y no un wok cualquiera, claro, como los del super. Ahora hay sartenes a las que los fabricantes listos llaman wok para que los bobos piquen. El otro día fui a la tienda, porque me había olvidado de comprar patatas. Ahora al pagar te dan puntos para adquirir diversos artículos, desde una vajilla a un juego de cama según la época del año. El de estos días era la batería de cocina, léase sartenes y tarteras. Digo yo que lo de batería de cocina será porque si pones las tarteras con el culo para arriba y utilizas los palillos de la comida china para golpearlas, te montas un grupo musical en menos de nada. Al grano que me disperso. Pues si señor, en medio de tarta orgía de acero inoxidable, hay un falso wok, pero no tiene salida ninguna, porque en este pueblo la gente es muy sensata y aunque llevan las almejas de paseo, nadie prepara comida oriental y pensaban, hasta que yo les puse al día, si el wok sería para el rustrido de la caldeirada. A lo que íbamos, que el falso wok se llenó de polvo en el super. Como el mío. Comprado en el Corte Inglés, auténtico, con certificado y modo de empleo, un pastón que me dejé en él, y sigue allí. En la despensa (que por cierto necesita que la ordenen, aviso para navegantes...) Todavía no compré los cepillos de bambú necesarios para limpiarlo al fuego, como mandan los cánones, y si no se limpia como es debido pues no se puede usar.Y también tengo fideos chinos, y salsas y también arroz basmati y cuscús y pasa sultanas. Porque ya puestos de lo civil pasamos a lo criminal y de lo oriental a lo marroquí sin ningún tipo de rubor. Aunque ahora con tanto bazar chino nos están fastidiando, porque ya cualquiera va a dominar la salsa de soja y el feng shui, con el trabajo que le costó a una dominar la técnica de los espejos y del chi, que mi casa estaba llena de delfines que esto parecía el acuario de La Coruña. Vaya, que por culpa de Oriente cuando vinimos para esta casa, tuvimos que colocar un retrato de Paco Vázquez en el recibidor cuando era el alcalde. Claro, la gente te preguntaba si era un antepasado, porque qué hacía si no ese señor en la entrada en el sitio de "Dios bendiga cada rincón de esta casa. Tú explicabas que era por el feng shui, los delfines y el acuario y que como no teníamos acuario poníamos a Paco Vázquez para que entrara dinerito. Pero nadie lo entendía. Ahora ya pasó un poco de moda Oriente y por culpa de los anuncios del Gadis volvemos a lo nuestro. En todas partes te ofrecen grelos con almejas, revuelto de grelos con erizos, grelos en tortilla y por supuesto lacón con grelos, que al deconstruirlo ya no hay que tomarlo por carnaval. Por todo esto, mi wok seguirá cogiendo polvo en la despensa sin estrenar, porque ya no estará de moda. Lo que tendré que comprar será un pote, para poder hacer el caldo como en los viejos tiempos. Pero al llevarse "vivamos como galegos" la foto que tendré que poner en la entrada será la de Fraga. Pero claro, como se me cayó la cara, la gente me preguntará si es la foto de un antiguo novio y no, por eso no paso.