domingo, 5 de abril de 2009

Caprichos


La línea que separa las necesidades de los caprichos es tan estrecha que muchas veces no sabemos dónde empiezan unos y terminan las otras. Por cierto, en cuanto empecé esta frase todos sabíamos su final. A veces me pregunto, cómo tantas otras cosas, si no sería mucho mejor empezar a hablar o a escribir y decir "no sigo, que ya sabeis por dónde voy a salir". Y si no lo sabeis hay que estar más espabilados, que el mundo de hoy va muy rápido, que no sé yo si los movimientos de la tierra, en mis tiempos rotación y traslación, no se verán afectados por el cambio climático. Y digo en mis tiempos porque ahora está todo cambiado. El proceso empezó cuando mi hermana, que es un casi nada más joven que yo, empezó a llamarle al complemento directo, objeto directo. Pero bueno, le dije yo, quien te crees tú que eres para cambiarle el nombre a la sintaxis. Pero no, era así. Y ahora resulta que también están cambiados los nombres de los tiempos verbales, con lo cual al asilo intelectual me voy, porque desde que algunas preposiciones pasaron a ser adverbios, pues no, que desisto de entender esta realidad que me es tan ajena. Pero yo estaba hablando de otra cosa. Las necesidades y los caprichos. Pero hablar de lo necesario es muy aburrido, que ya se sabe, que hay que comprar botas para no mojarse los pies, no esas zapatillas que los jóvenes se empeñan en llevar en pleno invierno. Que en Galicia llueve, caramba, que se mojan los pies y después vienen las enfermedades urinarias que son tan molestas y dolorosas. Pues eso, hay que comprarse botas para la lluvia, sandalias para el estío, chanclas para la playa y zapatillas para casa. Pero hay una gran diferencia entre las botas y las chanclas del carrefour, Eroski o Hipercor, me es igual, que unas de Prada o Clarks o cualquiera de esas marcas que tanto le gustan a mucha gente frívola. Por cierto, para zapatillas de casa unas que se compró una nonagenaria que yo conozco, de terciopelo verde y con strass, sesenta euritos. Bien, qué sucede cuando uno está deprimido, por cualquier razón, me es igual que sea justificable o no la tristeza; pues que hay que animarse, a no ser que estemos hablando de una patología y para eso están los profesionales, que yo nunca trataría de usurpar territorios ajenos. Es entonces cuando los caprichos se convierten en necesidades. Hay muchas formas de animarse y no todas tienen porque ser caras, aunque la verdad, anima mucho más gastarte un pastón en ti misma que en la vuelta al cole de los niños, por ejemplo. Aunque nunca entendí muy bien eso de la vuelta al cole. Será que no tengo hijos, pero vamos, siempre me pregunté por qué hay que comprarlo todo junto. Que si el abrigo, el plumífero o lo que usen, las botas, la cartera, los bolígrafos. En octubre no hace frío, por lo que no hay que comprar ni el abrigo ni las botas; además, si total a los quince años van a empezar con la tontería de las zapatillas de lona, que empiecen ya a los cinco a endurecer su vejiga, digo yo. Pero estoy simplificando el tema de los colegiales y además es que no me importa nada. Ay, de verdad que escribir una entrada de forma coherente se me hace cada vez mas difícil. A lo que íbamos: los caprichos. Hay varios tipos. Los monetarios, uséase los que dependen de la cartera. Estos son los más complicados, porque tiene que estar llena y la cuenta corriente solo se engrosa trabajando, a no ser que heredes, pero para eso tiene que morirse alguien y de estos ritos ya hablaremos otro día, porque me niego a liar esto más de lo que ya está. Cuando uno tiene que ganarse el dinero cuesta más despilfarrarlo, pero aun así es maravilloso poder comprarse esos zapatos rojos de tacón de aguja y corte salón que todo pervertido sexual tiene en su imaginación y porque no, que toda mujer debe tener en el fondo de su armario, que no es lo mismo que el fondo de armario del que hoy no toca hablar. Hay más caprichos monetarios que los zapatos o la ropa, depende del gusto de cada cual. Puede ser el último libro de Bernardo Atxaga, que se lo compró el Pomelo el otro día, aunque no estaba triste, un ordenador portátil o un Jaguar, eso depende del bolsillo de cada uno. Están también los triperos, es decir tarta de chocolate, callos con garbanzos o un bogavante con arroz. Cuestión de gustos. Pero como eso se está alargando mucho, voy a terminar. Solamente añadiré que los caprichos engordan, crean dependencias y arruinan familias. Pero ¿qué sería la vida sin los zapatos morados que tengo en el armario, sin la tableta de chocolate de la despensa o sin el mulato del dormitorio?
P.S. El mulato hizo la foto (y ya se que no es politicamente correcto)

12 comentarios:

JM Beltrán dijo...

Que bien sienta un capricho de los de "todos los días paso delante de este escaparate y cualquier día ...", y cuando llega ese "cualquier día" y te dá por comprártelo, que gustazo.

Me gustan tus entradas, es increible que tanto texto se haga tan corto, será de tanto divagar :P es broma, es porque te hacen reflexionar, o algo :)

Yo también me pregunto por qué leches hay que comprarlo todo al empezar el curso, y además hasta el transbordador espacial es reutilizable, porqué no las mochilas.

Blaconcia dijo...

Gracias por tus favorables comentarios, JM y ahora que llegan las vacaciones de primavera, es el mejor momento para los caprichos, sea un par de días en cualquier lugar en buena compañía o hacerse un buen regalo, que cumplimos días cada veinticuatro horas.

Caaal dijo...

Creo que el capricho que más me doy es comprarme ese libro viejo que veo y no puedo dejar en la estantería de la librería... Pero supongo que mi último capricho grande fue irme a Berlín, ¿no? Por lo demás, no suelo ser caprichosa de cosas caras.

Lo de la Vuelta al cole... Diosssss, cómo la odiaba. Pese a mi amor por los objetos de papelería, que creo compartir con mi tío (a.k.a. Pomelo), no podía soportar esa época, porque mi madre me probaba tooooooooooooooda la ropa del baúl de "la ropa de invierno", que era una pesadilla, y había que ir a comprar para renovar lo que se daba por inservible. Lo mejor de ser mayor es que la ropa te vale para siempre (si no engordas y adelgazas a lo bruto) y solamente se renueva porque apetece (nunca, en mi caso) o porque se ha roto algo o está tan viejuno que da penica verlo.

Blaconcia dijo...

O se renueva la ropa, porque una madre enfurecida, (a.k.a. Volty), decide que su hija no puede vestir como una andrajosa y el contenido de su armario lo envía al contenedor de la ropa, porque por supuesto ella recicla.

Starkie dijo...

Pues a mi me encanta darme caprichos, moetarios, culinarios, frikis...aunque en el fondo, terriblemente, todos cuestan dinero!!

Y en cuanto a la vuelta al cole, yo era una de esas niñas en las que se basaba el Corte Inglés para hacer sus anuncios, a la que le gustaba consumir para que le dieran corticoles; y probarse toda la ropa del armario con la esperanza de haber crecido 5cm más para tener que renovar todo el fondo de armario, lo cual implicaba nuevo probar, nuevas compras, etc. Echo de menos ese comprar compulsiva e impunemente!

Blaconcia dijo...

No puedo entender como a alguien le puede gustar probar la ropa. Desde hace años, cuando voy de compras con mi hermana siempre intento que ella se pruebe la ropa que a mi me gusta y nos pueda servir a ambas. Cada vez lo consigo menos, será que se está haciendo tan cómoda como yo :)

Annie Hall dijo...

Pues a mí lo que me sientan mal son las alegría; nada que cada vez que estoy contenta porque algo me ha salido bien... caprichito que me doy con el consecuente desembolso monetario, pero es que yo, cuando estoy contenta, NECESITO darme un capricho para degustar más mi felicidad...


Y respecto a los dulces o a la tableta de chocolate, no deberías rebajar a la categoría de caprichos productos básicos e imprescindibles en la vida de cualquier humano del primer mundo, vamos hombre!!!!! ((Nótese que para la firmante el límite entre el capricho y la necesidad es un tanto difuso))

Blaconcia dijo...

Lo peor es cuando necesitas darte caprichos para animarte, para regodearte más en la felicidad, para celebrar un aprobado o porque acabas de adelgazar un kilo. Cuando la vida se convierte en celebración caprichil, mala cosa. Cuando llegan estas épocas y hay que hacer la declaración de la renta empiezas a sudar porque es entonces cuando los caprichos se hacen corpóreos y dices ¡¡¡¡ es imposible que me de a pagar que no tengo un duro!!!!!!

mami dijo...

A mi también me encantan los caprichos de todo tipo.Mis 2 últimos caprichos me han salido caros:Una pulserita que me costó una pasta(para mi modesto sueldo)y una tarta de chocolate que me está arruinando la "operación biquini".
Pero QUE LECHES ,lo bien que me he quedado.

Blaconcia dijo...

Mami, cuanto tiempo!Lo de la operación bikini si que es problema, está a la puerta y yo con estas LORZASSSSSSS!!!!!!

mami dijo...

No te preocupes por las lorzas Blaconcia, porque como siga asi el tiempo, no vamos a tener opotunidad de lucirlas ni en verano. Algo bueno tiene que tener que no pare de llover, podremos seguir aumentando nuestras reservas "lorzescas" sin remordimientos. Y si viene buen tiempo,con no quitar la camiseta y decir que es para protegernos del sol, pues arreglado.LISTO.

Blaconcia dijo...

Si, Mami, pero a mi más que camiseta me va a hacer falta un vestido tobillero!!!