sábado, 8 de noviembre de 2008

Humor

Normalmente, nos quejamos de que fulano o mengano no tienen sentido del humor, cuando, si lo piensas detenidamente, lo que sucede es que no se ríen de tus chistes. Y no es que no seamos lo suficientemente ocurrentes para que nuestras gracias sean universalmente reconocidas, si no que lo que sucede es que muchas veces sólo tienen gracia para quien no está directamente implicado en el suceso digno de escarnio. Pongamos ejemplos. Ahí atrás mi pobre cuñado pisó una piedra y se hizo un esguince. Decirle "pisa con garbo que un relicario te voy a hacer" no tendría gracia para él, pero si para el que hiciera o hiciese el chiste y para los desalmados que se hubieran reído en caso de haberse producido. Decirle, cuando te lo encuentras apurado y compungido buscando la manera de acercarse a un centro de salud, si llamas a una ambulancia o lo llevas en angarellas, no tiene gracia, aunque a ti te la haga. Y no es porque los comentarios no sean atinados, sino porque no procede hacer a una persona blanco de una broma si le duele algo. Hacer chistes con la muerte de un perro, gato o mascota es algo fácil y usual, pero al dueño del animal no le hace gracia ninguna. Cuando hay algún simpático que te llama para darte el pésame con el comentario, entre risas, de "y habrás llorado y todo" te dan ganas de decirle "pues más que si te hubieras muerto tú, hijo de puta" Que además nunca entenderé para qué te llama. A mi me gustan los chistes absurdos, ese tomarse a broma lo más sagrado, reírse de la enfermedad o de la muerte como catarsis que te alivie del sufrimiento. Pero con una salvedad, que la broma la haga uno mismo, que seas tú el que se ríe de tu enfermedad, no que los demás se tronchen de la risa o te muestran su horror, porque te dejaron con la cara deformada, hinchada y tumefacta en una operación desafortunada. Tampoco es válido decirle a un enfermo que tiene que llevar un corsé "venga para aquí señorita Escarlata que yo le ayudo". Reírse del cojo porque cojea, del sordo porque oye mal o del gordo porque está enorme, no tiene gracia, no es políticamente correcto y además es muy fácil cuando tú oyes perfectamente, andas como una modelo y usas una talla treinta y ocho. Después hay otras bromas que son privadas y que sólo entienden los cercanos a ti, pero que resultan de muy mala educación, si hay ajenos, porque además de sentirse excluídos les parecen tontas. Decir "en Urdilde hay un estanco" es una broma familiar que sólo le hace gracia a esa familia, o reponder a la pregunta ¿para qué? paraguayo, sólo me hace gracia a mi. Desde aquí pido perdón a mi cuñado que se sintió dolido por unas bromas que no tenían gracia ninguna, aunque tampoco fue para ofenderse tanto, que total un esguince lo tuvimos todos en algún momento de la vida, y que si se compra unas babuchas de terciopelo y un bastón con cabeza de caballo o de bulldog puede estar de lo mas glamuroso. Es más con un buen sillón y un escabel, ni Felipe II.

7 comentarios:

Caaal dijo...

¡En Urdilde hay un Estanco! (gané) :D

STARKIE dijo...

Bueno, hay humores y humores...mi hermana y yo debemos ser las únicas que se ríen con el típico chiste de "Entra un hombre en un café y ...CHOF! pero es porque tenemos una clara visualización en nuestra cabeza que...jijijijij!!!

Blaconcia dijo...

A mi los chistes nunca me hacen gracia, pero sí hay dos que aunque los oiga mil veces hacen que me ría. Los contaba Caaal de pequeñita, tan tierna ella, el del chorizo y el del armario. Mira que era graciosa Caaal de pequeñita y como se quedó la pobre!!!

Caaal dijo...

@blaconcia: el del chorizo creo que sé cuál es. Del del armario no estoy segura. De todas formas, que sepas que estoy mejor sin contar chistes malos. Estulta...

Annie Hall dijo...

a mí me hace todo mucha gracia, lo de pisa moreno es buenísssssiiiiiissiiiimo!!!!!

Blaconcia dijo...

Porque tú también eras mala persona, Annie!!!!

Annie Hall dijo...

Noooo!!!
Es porque es objetivamente muy muy gracioso!!!! A mí no se me habría ocurrido nunca!!!! Me veo en la obligación moral de apreciar las ocurrencias ajenas, más cuando son así de ingeniosas.