miércoles, 13 de mayo de 2009

Esmeraldo


Esme, de nombre completo Esmeraldo, es un gato semicallejero (el semi se debe a mi) con la vida plácida de todos los gatos jóvenes que habitan mi patio. Todavía no tiene un año, pero ya es un gato grande, creo que lo será todavía más que su tío Barrabás. Es hijo de Dulcinea, el único superviviente de las camadas de esta gata tímida y mansa. Su hermana Ambar desapareció un buen día, cuando no llegaba a los tres meses. El pobre Casper, medio hermanao de los anteriores, pereció en un accidente de tráfico cuando ya había sido colocado en un buen hogar. Cuando consideró oportuno Dulcinea, trasladó su progenie desde la huerta, que fue donde nació, hasta el patio. Para que nos ubiquemos , la huerta está a nivel del primer piso, mientras que el patio está a nivel del bajo. A partir de este momento comenzó el destete propiamente dicho, es decir, mandó a la porra a sus hijos y se lanzó a la vida alegre, que ya bastante atada había estado mes y medio. En este árduo proceso la pobre de Ambar, preciosa gata tricolor, pero muy oscura con pelos salpicados del color de su nombre, pasó a mejor vida. Desapareció sin dejar rastro. Nunca supe lo que sucedió, pero un buen día ya no estaba. El que sí seguía en el patio era Esme. Cuando su madre venía por aquí el pobre gatito se le acercaba y mamaba con fruición lo que podía, porque aunque el animalito ya comía, seguía necesitado de leche y cariño materno. Pero la gata, consumida por ardores uterinos ajenos a la maternidad, ni caso le hacía. Pero mientras tanto otra de las gatas, Soraya, tuvo dos raquíticas criaturas en algún lugar ajeno a mis dominios, pero una mañana de verano se presentó llena de orgullo con ellas. Las dejó por ahí, porque Soraya la verdad, es que siempre fue una madre muy descuidada. Los criaturitas, que nunca llegaron a tener nombre, porque tras la desaparición de Ambar y Melisa, hermana de Vera esta última, decidí no bautizarlos hasta los tres meses de vida, estaban completamente desnutridos, pero no quiero extenderme porque esta no es la historia de estos gatitos, sino la de Esme. El pobre gato abandonado, que por avatares del capricho de la genética es igualito a Soraya, con la que no comparte parentesco alguno conocido por vía materna, que en la naturaleza es la que define la genealogía, decide unirse a la camada de la gata. Esme ya lo había intentado anteriormente con la madre de Vera, gatita de su misma edad e hija de Touquela, que recibe el nombre de su primera dueña humana, pero la gata, una máquina de engendrar y criar hijos lo miraba con mucha reticencia. En Soraya encontró buen acogimiento, es decir, siendo ésta tan despreocupada no puso ningún inconveniente en que Esme se arrimase a ella y a sus crías. Pero el pobre gato quería algo más que el calor y el jugueteo. Una tarde, ante mi asombro, observo como hacíendose el despistado, poco a poco se va metiendo entre las mamas de Soraya y como un hijo más, se engancha a la teta de la susodicha. Que se sepa que en la muerte de los gatitos no tuvo nada que ver Esmeraldo. Uno desaperareció un día y el otro lo encontré moribundo sin que diese tiempo de llevarlo al veterinario. No se convirtióen cuco ni nada por el estilo. Que yo sepa. Su vida siguió los caminos de un gato joven, olvidado por su madre, con una compañera de juegos, Vera, con la que jugar y dormir y con una madre adoptiva que llegado su momento también pasó de él. Pero he te aquí que esta primavera Dulcinea parió de nuevo y que sin querer relatar lo que sucedió, se quedó sin crías. La madre, llamaba a sus hijos con el maullido lastimero que usan las gatas para tal fin, pero no encontraba respuesta. ¿O sí? Esmeraldo comenzó a contestarle. Y despues de un año, el gatito olvidado recobró a su madre. Dulci se volcó en su hijo, lo limpiaba, lo lamía y yo juraría que hasta lo alimentaba. Esme se dejaba hacer, feliz de recobrar a su mamá despues de tan largo tiempo. Cuando la gata recobró su estabilidad hormonal, todo volvió a la normalidad. No sé por qué razón Esme me recuerda a Moncho, joven de camisa a cuadros del que hablé en otra entrada y a tantos otros buenos chicos que existen en la especie humana, siempre atentos y serviciales.

10 comentarios:

Starkie dijo...

Eres la Pérez Galdós de los gatos...leyendo esta entrada me recordó al desconcierto que sufrí leyendo "Fortunata y Jacinta", cada vez que había un speech de estos en que se hacía relación de 5000 personajes con otros 500...

Bueno, pero me alegro por el bueno de Esme...

Caaal dijo...

Leer Cien años de soledad tantas veces te ha llevado a desarrollar el don de no perderte. Has tenido suerte conmigo que, NO SÉ CÓMO, he pillado todo a la primera (creo). Y sí, a la primera, porque hasta hoy no había prestado atención real al tema familiar gatuno; lo único que sabía era lo del grandullón mamando. Esmeraldo es un nombre tan guay que todo lo que le pasase a este gato debería ir parejo con tal carácter.

Blaconcia dijo...

Pues, chicas, no veo yo que sea tan complicado y además sólo hablé de unos pocos. No conté nada de los tres hermanos ni del Enmascarado....

Annie Hall dijo...

¡¡¡¡Oh, dioses!!!!!!

Me he perdido.

A esto hay que añadirle mi antipatía a los gatos... Cuando se acercan sigilosamente, mirándote con esa arrogancia y empiezan a rozarse contra las paredes, las patas de las mesas, de las sillas... aaayyyyyy!!!

Blaconcia dijo...

Pues eso no es nada, Annie, la gata que tengo en casa se sube al microondas y me mira. Cuando intento hacerle una caricia me lanza un zarpazo. Esa gata que cuido, mimo, le doy pescado y todso lo que quiere, me esclaviza con la puerta abierta para que entre. Eso son los gatos.

Annie Hall dijo...

@Blaconcia: Noooooooo!!! La única explicación a que sigas alimentando, cuidando y mimando a esa gata es que haya en tu interior un poso masoquista que disfruta con ello. ¡¡¡Un zarpazo!!!! Aunque para ser sinceras yo también tengo un punto masoquista que explica mi adicción a las revistas de moda donde sólo salen mujeres de mentira y cosas que nunca podré comprar.... Cuánto dolor.

Blaconcia dijo...

Si yo te enseñara mis cicatrices de la guerra gatuna, alucinabas....La palma se la llevo el susodicho Esmeraldo, me mordió de tal forma que tuve que llevar la antitetánica.
Pues a mi que ahora me da por mirar zapatos supercaritísimos en internet...

JM Beltrán dijo...

Es una auténtico culebrón, impresionante. Yo también me he perdido, pero a veces aunque te pierdas se disfruta del viaje :)

Ardores uterinos, vida alegre, estabilidad hormonal... jeje, mola, tienes recursos literarios de sobra para describir el celo.

Blaconcia dijo...

El celo gatuno, JM, no nos vayamos a confundir xDDD.

JM Beltrán dijo...

jajaja, por supuesto, el gatuno.
Por cierto, que es verdad que mola el nombre Esmeraldo :D