lunes, 24 de agosto de 2009

Tópicos II


Me encantan los números romanos, aunque si lo pienso un poco ¿hay a alguien a quien no le gusten? Es que queda mucho más bonito en el título poner "Tópicos II" que "Tópicos 2" Sí, son preciosos aunque de pequeños haya costado aprenderlos, la verdad, que lo de pasar a de tres a cuatro era un poco complicado y lo de cincuenta y quinientos me costó trabajo, es más tendría que pensar para saber cual es cual. Quién es quién, eso sí que es más difícil es este mundo de hoy en el que las apariencias rigen casi toda nuestra vida. No sé si a alguien le habrá pasado pero se produce un fenómeno esquizofrénico cuando estás hablando con alguien que no conoces demasiado y te das cuenta que se está comportando de una manera que induce a la confusión. Me explico, no es lo de, "Jasusa, cuanto tiempo sin verte" "Perdone, pero no se quien es usted". "Mujer, claro que lo sabes, que estuvimos juntas trabajando en aquella casa y tú eras la que tenía aquel problema de gases." Esto le pasó a una persona que yo conozco, tan fina y glamurosa ella que casi le da un desvanecimiento cuando oyó lo que acabo de relatar, sobre todo si pensamos que las palabras utilizadas no eran exactamente las escritas por mi. Pero no hablo yo de una confusión de este estilo, porque naturalmente a esta pobre chica la habían confundido con otra. No, hablo de un algo que no todo el mundo capta, porque no todos tienen una sensibilidad como la mía, todo hay que decirlo sin rubores y sin falsa modestia. Estás hablando con alguien y te das cuenta que te está dando información que no has pedido, porque únicamente quieres comentar lo buena que está el agua, que te llega a las rodillas, en esa tarde maravillosa de playa. Pues no, erre que erre a contarte todo el currículum académico de familia y amigos. No lo entiendes, pero lo terminas percibiendo, por razones ajenas a tu voluntad esta persona te está transmitiendo un mensaje muy claro, que te obliga a reflexionar sobre la imagen que sin quererlo estás dando de ti misma. Este es un tópico más de tantos, juzgarte por tu apariencia, por tus gestos o por la lengua que puedas hablar en un momento determinado. Es muy complicado relacionarse, con lo fácil que sería si todos llevásemos un indicador de estado como en los Sims. Tengo un diamante verde sobe la cabeza, eso quiere decir que me encuentro a gusto, que se cambia a amarillo, o es que me muero de hambre o es que me estás aburriendo de mortandad instantánea. Pero no es así, en la vida hay que disimular, disimular porque no quieres hacer daño, porque tu puesto de trabajo peligra o porque no quieres quedarte solo. Aunque hay otros tópicos más enervantes que normalmente suelen ir unidos a la intolerancia. "Mis mejores amigos son gays" esta es una frase que se oye mucho, tras la cual suele ir un "pero": no deberían dejar que se casaran, no deberían adoptar y cosas similares. Siempre me he preguntado y tus íntimos amigos gays, ¿qué dicen a eso?, hombre que cada uno piense como quiera, pero que no se intenten ocultar comportamientos homófobos con amistades inexistentes, vamos que dudo mucho que amistad y "si son tronchantes","si yo me parto de la risa con la pluma que tienen" sea compatible. Hay también otro tópico que no sé que tipo de conducta enmascara, pero que también me parece de lo más estúpido. "Pueden decir que no creen en nada, pero cuando uno se va a morir, todos en su interior se vuelven creyentes" ¿Pero cuantas veces te has muerto? te dan ganas de preguntarle al decidor de esta estulticia. Pero después están las realidades, siendo la mayor de ellas que en tu vaso de bolis puede haber mil rotuladores, de punta gruesa, indeleble, fluorescente, finísimo, azul, negro o pistacho pero jamás habrá un boli normal, de los de toda la vida, un bic naranja o un bic cristal, "dos escrituras a elegir, bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal".

miércoles, 29 de julio de 2009

Tópicos






Hoy, como está un día un horrible y no puedo ir a la playa, decidí dedicarme a las tareas del hogar con más afán que otros días, pero después pensé que no, que de vez en cuando hay que disfrutar de las tardes lluviosas del verano para hacer todas aquellas cosas que sí hacemos durante el invierno pero que en la estación cálida omitimos porque no tenemos tiempo. Lo cual es una mentira, porque este año no existe el verano, por lo que estoy llevando casi la misma vida que en invierno, lo que no deja de ser otra buena disculpa para concluir que hoy no tenía ganas de hacer nada y que a lo tonto me estoy pasando la tarde holgazaneando. Tanto holgazaneé esta tarde que hasta me cansé de escribir y dejé la entrada a medias. Pero como el mal tiempo sigue continúo en casa, sin ir a la playa porque además tuve un eritema solar por lo que eso de aprovecho en la terraza un rayito y me bronceo un brazo, ya no, porque tendría que untarme de crema y el esfuerzo no me compensa, ya dije lo vaga que estoy este agosto. En agosto frío en el rostro, dice el refranero, pero también dice zapatero a tus zapatos. No voy a hablar del presidente, aunque con la política tan convulsa que tenemos ultimamente si hablas de algo que lleve Z ya piensan que estás hablando del Gobierno, cuando tú lo que querías era hablar de unas sandalias de tacón alto o del zorro, por ejemplo. Pero yo tampoco quería hablar de calzado, que ultimamente no se porque razón me da por los zapatos, a pesar de que nunca tuve demasiado interés por ellos, que a mi lo que iba era Yo Tarzán y tú Jane, o sea, andar descalzo, quería decir, que ya me empieza la dispersión, no sé por qué. Por cierto, que para mí Tarzán siempre será Johnny Weissmüller, hombre, que me dio mucha pena que acabase en el geriátrico dando gritos de tarzán por los pasillos, que supongo que a las cuidadoras se les derribaría un mito. Pero a mí no, que, con permiso de Burroughs, Tarzán siempre será Johnny. Pero tampoco quería hablar de Tarzán que yo quería hablar hoy de tópicos, bueno hoy no, el día que empecé la entrada, pero como ya pasó un tiempo, pues no me acuerdo que quería contar. Tengo apuntado en mi libretita de notas, que es monísima por cierto, aunque el otro día la malvada de Volty le decía a una buena amiga mía," que penita de agenda, tan bonita y la estropea con una letra tan horrorosa, se la regalé yo, pero ya me pesó". No creo que gastase mucho, porque mi hermana tendrá muchas virtudes, pero espléndida nunca fue, pero en fin, lo que tengo apuntado es : Tópicos y asignaturas pendientes. No tengo ni idea a lo que me pude referir cuando apunté eso. Bien, ya me volví a perder. En una tarde como la de hoy nos hallamos en los ordenadores, cada uno haciendo sus cosas, cerca, porque las mesas están el L, colocados de tal manera que tenemos independencia pero podemos comunicarnos. Caramba, acabo de dar las claves para que una pareja funcione, ni que yo fuera la srta. Francis. Bueno, pues a lo que iba. Estábamos mirando una foto de mi medio pomelo, cuando se me ocurrió hacer una recreación propia. Yo creo que me quedó bien, aunque él me dijo que era una chapuza, que no consistía la historia en poner, superponer e iluminar o algo parecido, dijo, que antes había que hacer la foto y después saber lo que se quiere hacer y no ir a lo loco y que además es muy fácil decir pon y sube y baja sin tocar nada. De ahí lo del refrán de antes, pero como el refranero sólo es indicativo de la sabiduría popular que no siempre va pareja con el acontecer de los tiempos y con el photoshop, pues yo creo que me quedó bien bonita, más bonita que la que hizo el fotógrafo que la tiró. Y la demostración está aquí, la foto original, la foto que construí y la que retocó él, pero no en el mismo orden forzosamente.

domingo, 12 de julio de 2009

John Doe


"Es increíble, pero este señor está más integrado en el pueblo que nosotros", me decía Juan ayer, cuando fuimos a dar un paseo por la feria del mar o algo así que había en el pueblo-ayuntamiento al que pertenece la parroquia en la que vivo. Es en esa población dónde vivimos muchos años antes de trasladarnos al rural. Por cierto que eso de que el sol quema, abrasa y te deja la piel a tiras es verdad. Salí toda mona y veraniega con una camiseta sin mangas para lucir mi moreno y resulta que llegué como un camarón en escote y hombros, vamos que este sol es de un traicionero que te decepciona, porque si ahora hasta hay que salir con protección para tomar una caña, que casi estoy por contratar unos escoltas que me protejan, porque con sombrilla hay que salir. No quiero ni contar como se le puso la cabeza al pobre de Juan, porque sin protección capilar el sol se vengó a gusto, pero eso fue por terquedad, no por descuido, que yo bien que le advertí, pon una gorra, que no está tu azotea para exposiciones temerarias. Ni caso. Pues yo quería hablar de este señor, que se me va la cabeza. Resulta que es un inglés jubilado que se vino a vivir con su mujer al pueblo vecino. Y claro, como si de una serie se tratara, se integró de tal manera que ahora es el hombre más feliz. Se relaciona con todo el mundo, saluda a todo el que pasa. Parece ser que es músico y se pasa parte del tiempo tocando la guitarra bajo los soportales, cantando bajito. También juega al ajedrez con todo el que, en la placita dónde sienta sus reales, se quiere acercar a jugar con él. Pero no debe de ser un bohemio, porque se compró un piso, que no se trajo una roulotte ni se instaló debajo de un puente, que mal se lo vería yo, porque muchos puentes por aquí no hay, excepto el de las Letras gallegas que siempre pasan mi hermana y sus hijas en mi casa, salvo si cae en fin de semana. De la historia de este buen señor no sé nada, porque todavía no me documenté, pero me la imagino sin conocerla. Viene de una ciudad como Liverpool, que suena a Beatles, de ahí su afición a la música. Trabajaba en una fábrica apestosa y cuando pudo dejar esa vida decidió huir a un lugar lejos de su país, a uno dónde el clima fuese parecido pero no tan crudo. Su elección tenía que ser Galicia, por supuesto, con una humedad y una luz parecidas a las de su hogar, pero con un clima más suave y una gente menos fría, igual de ruda pero con una calidez que hace que se forjen amistades de verdad. Conoció la "muy noble y muy leal" en un viaje con su mujer hace años. Paseando por sus calles decidió que bajo sus arcos tenía que pasar sus años de retiro y en cuanto pudo, vendió todo lo que tenía y se vino. Pasa muchas horas paseando, disfrutando del olor a mar, conociendo a sus vecinos, convirtiendo el pueblo en su hogar. Si hasta forma parte de una agrupación pequeña de músicos en los que tocan por el placer de hacerlo, de pasar la gorra, pasar un rato cantando y despues tomarse unas tazas y echarse unas risas. Yo lo vi ayer por primera vez, me lo enseñó Juan mientras nos quemábamos. Hace tiempo que nosotros estamos buscando un lugar para cuando nos jubilemos. Ya lo decidimos, un pequeño pueblo en Italia, dónde el clima sea suave, la luz brillante, dónde se pueda pasear por la calle sin que todo sea gris y húmedo alrededor. Dónde el idioma no sea un obstáculo y se puedan comer buenas verduras y sabrosos quesos. Allí si que estaremos integrados, le contesté yo a mi medio pomelo, porque para estar integrado, que la gente te sonría, que te abran sus casas y sus corazones, tienes que ser extranjero. Para que alguien pase un rato de su tiempo inventándose tu vida tienes que ser ajeno, con el vecino ni nos molestamos en darle los buenos días. Nos iremos a Italia, queremos tener un lugar en el que sentirnos en casa lejos de ella. Además siempre nos invadirá en mayo la familia.

martes, 30 de junio de 2009

Listas

De pequeñas, cuando nuestro color preferido coincide con el de nuestra mejor amiga, es la pera en almíbar, que por cierto, me salen buenísimas. De mayores, no es que no tengamos color preferido, que lo seguimos teniendo en nuestro interior, sino que según para qué tenemos un color u otro. Para decorar la casa escogemos el que mejor nos va con su estructura, su estilo o esas ventanas que nos entusiasman o miles de historias que todo el mundo conoce y que me aburre seguir poniendo ejemplos, vamos que quien me lee no es tonto y si lo es, pues no vuelve porque no entiende nada, porque soy consciente que a veces cuesta seguir el fluir de mi prosa. Con el vestir nos pasa lo mismo, hay colores que nos favorecen más y otros menos y aunque te encanta el color beis, que es inimaginable pensar que nadie pueda tener por color predilecto el beis, pues no lo usas porque te queda fatal. Porque esa es otra, a casi todos nos gusta el mismo color, el verde. Y si no el azul. El rojo a poca gente y el amarillo a menos. A mi el rojo me gusta en decoración para dar una nota de alegría. Tengo un sofá rojo, una pared roja y unas cajoneras también de ese mismo color, pero pocas prendas de vestir tengo de ese color, tuve un chaquetón y una gabardina pero ahora ya sólo tengo un jersey y por supuesto un pantalón. El azul es aburrido, de azul marino sólo visten los hombres y las timoratas. Distinto, es el brillante y favorecedor azul cobalto o algo así, porque de colores no entiendo nada, es más hay verdes que veo azules. Pero a lo que iba, que no era hablar de esto, pensaba hablar de preferencias o mejor dicho, de las listas de preferencias. En todos los foros de internet, siempre nos encontramos con posts abiertos en los que hay que nombrar tus diez novelas o películas o canciones o actores, según el tema de ese foro, preferidos. Yo la verdad, no suelo participar, porque ultimamente me aburren los foros, pero ese es otro tema y porque nunca consigo recordar cuales son mis diez preferidos, y si no lo recuerdo es porque no los tengo, digo yo. Diez es mucho. Como mucho dos. Pero pasa como con todo, a lo largo de la vida vamos cambiando nuestras preferencias y nuestros gustos, si no ¿por qué se cambia tanto de pareja, de trabajo o de casa? No nos pongamos trágicos y hablemos de despidos, cuernos o desahucios que hoy quiero estar relajada y pensar que los acontecimientos de la vida dependen únicamente de nuestras elecciones. Pues eso. Mis comidas preferidas de niña eran caldo gallego y patatas rellenas de carne. Hoy ya no, prefiero las ensaladas y el queso. Hubo un tiempo en que mis pelis eran "2001" y "Gilda" pero antes lo fue Casablanca y más tarde Blade Runner y hoy, creo que no tengo pelis preferidas. Lo mismo sucede con los libros. Hay autores que me entusiasmaron en una época, pero hoy no volvería a leer, no porque no me gusten, sino porque me gustan más otros, pero si algo es tu preferido eso quiere decir que te gusta más que los demás. Eso me sucede con "Cien años de soledad" La leí no se cuantas veces, porque durante varios años la leía todos los veranos. El otro día hablando de esto con mi sobrina La Mayor, le decía que si sólo pudiese leer un libro el resto de mi vida, sería éste, porque jamás me aburriría. Con las canciones es diferente. No estoy hablando ni de tipo de música, ni de tipo de literatura, sino que me remito a lo dicho, hablo del top diez, aunque en mi caso sería top dos o como mucho cinco. Pues eso, que me marcho de paseo y no "doy vuelto", las canciones. Estoy firmemente convencida que aunque digas que tu canción preferida es el aria más rebuscada de ópera que te puedas imaginar, porque eres muy listo e intelectualmente te entusiasma, eso no es verdad sino te la pones a cantar en cuanto la oyes. Las canciones de tu vida son esas que interiorizas de tal manera que en cuanto la oyes la tienes que cantar, estés dónde estés por lo bajini o en alto, pero las cantas. A mi eso me pasa, que recuerde, con dos canciones, con "Imagine" de John Lennon y con la "Chica de ayer" de Antonio Vega. No se si son mis canciones preferidas o no, pero las canto siempre. Lo más triste de todo es que no me pasa sólo con estas dos canciones, ahora que lo pienso, si no también con "Como una ola" de La Jurado. ¿Eso quiere decir que es una de mis preferidas? ¿Que la tengo interiorizada? Alien, no es una de mis pelis, pero la verdad, empiezo a saber lo que se siente cuando algún ser incontrolable late en tu interior.

miércoles, 17 de junio de 2009

A través del espejo


"Morrinche" le dijo una madre a su hija cuando una mañana, mientras ésta le ayudaba a vestirse, se vio los pies hinchados y amoratados. A la semana fue el entierro. Desde ese día, las hijas de esta buena señora se vigilan los pies al levantarse, por si hay que empezar a organizar el velatorio. Influenciado el subconsciente de una oyente de esta historia, la buena mujer se pasó toda la noche soñando que ese día se tenía que morir. Como Amaranta esperando la muerte, ella esperaba a su vecina que iba a ser su "matachina" y mientras curiosea por la ventana para ver toda la gente que llega para la "vela". La espera empieza a ser vergonzosa, porque tarda tanto que hace que todo el mundo desee que se muera de una vez, por lo que le dice a su propia hija que le de pequeños golpes con el hacha en la nuca para ver si así van adelantando el trabajo. Esto fue un sueño, pero no lo es cuando recorre el largo pasillo de casa con su madre del brazo, una madre completamente perdida que reniega de la mujer de enfrente porque le impide seguir recorrriendo el otro pasillo que se le presenta ante sus ojos, y que, aunque su hija le intenta explicar que es el espejo, la anciana sigue intentándolo todos los días. Sueño lo era también el que una solterona virgen soñase con que tenía un romance con El Pájaro Espino, pero la pesadilla era la realidad, cuando despertaba en el momento en que se iba a consumar el acto sexual. Cuantas vidas diferentes, vidas cruzadas en mis tertulias mañaneras, dónde me entero de infinidad de historias que trato de memorizar, pero como temo olvidarme ahora llevo un cuadernito en el que apunto alguna palabra clave que me haga recordarlas cuando llego a casa. Pero claro, me empiezan a mirar mal. El truco para estas reuniones es participar, no sólo estar escuchando y escribiendo. Pero ahora ya lo hago. El problema es que me miran como si estuviese un poco loca y la verdad es que a lo mejor pueden tener algo de razón, que la extravagante sea yo y no ellas. Les cuento mis avatares con los gatos, el loro o los problemas con mi hamaca nueva, que ya puestos, pues lo voy a contar aquí. Resulta que yo voy a la playa como toda buena habitante de pueblo de costa, en cuanto hace calor y brilla el sol. En la playa suelo hacer dos cosas. Pasear y leer. Todo eso es normal, pero no lo es tanto hacerlo a la vez. Lo mejor del mundo es pasear por la orilla mojándote los pies mientras lees. Si aprieta el calor, de los pies pasas a las rodillas y aun recuerdo aquel verano de hace tres años en que el agua estaba muy buena y hacía tanto calor, que paseaba con el agua por la cintura, mientras leía, claro. Tengo un grave problema. Necesito gafas de cerca para ver de un ojo, los años no perdonan. Pero soy miope y las progresivas no las llevo a la playa porque se rayan y son muy caras. Por lo que ando con dos pares de gafas, las ahumadas de lejos colgadas del bikini y las de cerca en la nariz, claro. Pero tanta luz me molesta para leer. Así que acabo de encargar unas gafas de cerca ahumadas, por lo que mis problemas de deslumbramiento se van a acabar. Con lo cual no se yo si el concepto de ahorro será muy acertado, porque al final manejo seis pares de gafas. Las progresivas, las de sol de salir, las de sol de playa (las de la calle de antes pero como estaban rayadas quedaron para la playa y me hice unas nuevas), las de cerca ahumadas y las de cerca de cama. Claro hay que contar las lentillas para cuando me apetece y las de sol para las lentillas. Pero no siempre estoy paseando, para eso tiene que haber muy poca gente en la playa porque si no chocas con los bañistas o tropiezas con una piedra y te queda un dedo tan negro que tienes que ir a urgencias y explicarle a un médico asombrado como te diste tamaño golpe. Aunque siempre voy a una playa bastante despoblada, a veces también me canso de pasear y me tumbo a leer. La arena es incómoda, por lo que decidí comprarme una hamaca, que no sea muy pesada porque aunque voy en coche después hay que bajar un camino lleno de maleza y de serpientes, esa debe ser la razón de que vaya poca gente a esa playa. Es preciosa, la hamaca. Verde Marujita y con tejadillo. Preciosa y un poco cantosa, pero lo malo que tiene es que es incomodísima. Desde que la uso termino con unos dolores de espalda horrorosos; además de que es muy dura es toda ella curvada, pero las curvas no coinciden con las mi cuerpo, por lo que en la espalda me queda un hueco que tengo que rellenar con la ropa y si me tumbo boca abajo me aplasta todo lo aplastable, pero con saña. Lo de la hamaca no resultó y voy a dejar de llevarla, pero mis contertulias ya estaban dispuestas a organizar una excursión a mi playa para ver esa joya para tomar el sol. Aunque pienso que también les atrajo un poco el hecho que aunque mi playa no sea oficialmente nudista, si es una playa bastante libertaria y convivimos perfectamente nudistas, seminudistas, textiles y lectores andariegos sin ningún problema. Y quien sabe, hasta pueden pensar que, como toda la vida los que pasearon leyendo fueron los curas, al que van a encontrar paseando por la playa y sin ropa sea al Padre Casares...

miércoles, 3 de junio de 2009

Cafés

No sé si será debido a la vida retirada que llevo, que cada vez que pienso en ella me doy cuenta que se parece mucho a una serie. Pero no a una telenovela, porque ni vivo en una hacienda con jornaleros a caballo, que me encanta la palabra jornaleros, no porque trabajen a jornal, que supongo que será su origen, pero no pienso mirar en el diccionario de la rae, que no me apetece nada, si no por lo que me sugiere. Es decir, hombres aguerridos y sudorosos pero limpios, porque el sudor, en caso contrario, pasaría a ser pestilencia, que se dedican a ir de unas tierras a otras porque son aventureros, o porque huyen de un amor desgraciado y se van en su caballo como el Virginiano o Trampas. Pues no, mi vida no es así, por lo que no me refiero a una serie de esas, que por otro lado no me gustan nada. No, mi serie es de otro tipo. Veamos. Ahora suelo ir por las mañanas a tomar un café o un té verde, según me apetezca, a una pastelería con mesas frecuentada por un grupo de mujeres. Un grupo variopinto, que es lo que me atrae de esta reunión. Están hasta las once y pico de la mañana, pero la hora a la que llegan no la sé, porque yo suelo ir a eso de las diez y media. Las edades van desde la treintena hasta alguna que estará en los setenta. Son mujeres de distintos niveles económicos, culturales y sociales. Van amas de casa, trabajadoras de la conservera de la zona, alguna mariscadora, maestras y sabe dios que más porque yo no las conozco mucho y no me voy a poner a preguntar. De algunas no sé ni los nombres. No hay un número fijo. Entre ellas tengo a una amiga, que es asidua y por la que yo empecé a frecuentar la tertulia. Pero lo que yo al principio juzgaba como un marujeo infumable, y por nada del mundo voy a esas reuniones banales, qué forma de perder el tiempo, hoy considero que son de lo más educativo. No creo que ellas se lo planteen así, pero yo sí y ya está. Lo más curioso es que son mujeres como tantas otras que vemos por la calle, pero si indagas un poco te das cuenta que cada una tiene su historia y como ya tienen una edad, cada una tiene su tragedia particular aunque a simple vista no lo notes. Una de ellas tiene una hija con síndrome de Down, una mujer sin formación académica de ningún tipo, ya que, como era costumbre hace años, en su casa sólo fueron al instituto los varones, pero a la que la vida la ha hecho espabilar y hoy la ves una mujer resuelta, que sabe moverse para tratar de darle lo mejor a su hija deficiente. Otra de ellas tiene a su madre con Alzheimer y ella la cuida. Una mujer que vivió una vida regalada, que estudió en los mejores colegios, educada en el extranjero, con un matrimonio provechoso y que por avatares de la fortuna terminó trabajando en Canarias y volviendo a su casa a cuidar a su madre. Otra de ellas acaba de pasar por un cáncer mutilador. Las hay más simpáticas y parlanchinas o más sosas, hay de todo. Con algunas te ríes por su ingenio y con otras procuras no sentarte a su lado porque te va a dar la mañana con sus pesadeces. A esa hora nadie habla de problemas. Desayunan, se charla de moda, de cocina o de las noticas de la tele. Naturalmente, hay conversaciones cruzadas. Hay días que no, que una cuenta lo mal que está esta temporada, que se le cae el mundo encima o que se le acerca la revisión del médico y está asustada. Por supuesto, también se critica. Que si una de ellas es lesbiana, que a la otra le pone los cuernos el marido, que si dicen que la otra gasta más de lo que ingresa. Y de los maridos, porque casi todas son casadas, también se despachan a gusto, sobre todo cayendo en los lugares comunes de siempre. Lo que las une es algo tan sencillo como que viven en el mismo pueblo, son mujeres y pueden disponer de un rato para acercarse a desayunar algunas, otras a tomar el café de media mañana o a pasar un ratito sencillamente. Las hay que visten de chandal y deportivas, porque viene de dar su paseo matinal, hay otras que van de punta en blanco porque van al instituto a dar sus clases y alguna que otra de uniforme porque es chófer de un autobús escolar. La mesa en torno a la que se reunen es redonda, pequeña, como para cuatro personas, pero según se llega se van arrimando sillas y caben tropecientas mil. A veces ocupas el sitio que deja otra que ya se va. Lo mejor de todo, es que no es "obligatorio" ir, es decir, que vas si te apetece o te viene bien, en el momento que quieras llegas o te vas, sin tener que quedar con nadie. Creo que se haría una serie magnífica. Por ejemplo dos protagonistas, por supuesto mi amiga y yo, dos secundarias, mis dos más conocidas, es decir, las dos más amigas de mi amiga y el resto personajes de relleno, pero que cada día una de ellas fuese el tema del capítulo del día. Vamos, que menuda serie. Como la otra que también vivo. El día de la Pandilla. Normalmente suelo ir una vez a la semana, que no siempre es así porque las cosas a veces se complican, a comer con mi hermana, mi madre y mi sobrina conocida aquí como Caaal. Somos tres generaciones comiendo siempre en el mismo sitio. tenemos cuasi mesa propia y lugares asignados, es decir, que nos sentamos siempre en las misma sillas. En las comidas se discute, se ríe, se comenta, se manda callar a Caaal, se le grita a mi madre que es dura de oído y no se entera de la mitad de las conversaciones... Solemos rematar la jornada con compras, casi siempre de ropa. Pues también sería una buena serie, es más, Caaal y yo hasta tenemos buscado las actrices. Alguna que otra vez hemos tenido invitadas, bien a comer o a tomar café, pero generalmente vamos las cuatro. De nuevo ya está ahí la serie. Cada jornada sería un episodio, se desarrollaría durante la comida en que se comería, pero de verdad, es más no quedaría nada en el plato (como no queda nunca) Hasta el dueño del local sería un personaje, el único hombre que hablaría. No es por nada, pero creo que soy una fuente de recursos para cualquier productora. Lo que no entiendo es a lo que están esperando, porque todavía tengo mas series escondidas en mi vida. Mi vida vecinal en el rural, la relación con mis gatos callejeros... tengo vivencias para varias series. ¿Seré rarita o es que, en realidad, si te decides a contarla cualquier vida puede ser tan digna de interés como para merecer una serie? De lo que me estoy dando cuenta, que mi vida ultimamente de retirada tiene muy poco, porque también tengo una playa peculiar a la que suelo ir y en la que también estoy haciendo amistades. Pero todo esto, viene al caso porque quería contar algo que me impactó en la conversación que tuvimos hoy en la hora del café matinal, pero como creo que esto se va a alargar demasiado la dejaré para otro día, vamos, que como en las mejores series, va a aparecer de un momento a otro el cartelito de "continuará..."

martes, 26 de mayo de 2009

Aconteceres


La de cosas que me están pasando ultimamente, de verdad, ni que viviese en Nueva York. Ántes de nada decir que mi casa es una "casa tomada". Pero nosotros a diferencia de Cortázar, sabemos quien nos la tomó. La lora, que tiene por jaula un palacio, todo hay que decirlo, se apropió del cuarto de baño de nuestro dormitorio. Allí tiene su nido, los comederos y una jaula pequeña para las deposiciones. Pero es un espíritu aventurero y se dedica a explorar la bañera y todos los elementos del baño, es decir, a tirar todo lo que encuentra por el medio. Cuando nos trasladamos a esta casa, yo me valí del feng sui para ubicar cada objeto, útil o decorativo de necesidad o vano, pero todo estaba en su sitio exacto. Podía parecer absurdo a los neófitos, pero todo estaba muy pensado. Pero con la lora todo se vino abajo, en el sentido literal del término.Acabé por retirar casi todo de su alcance. Al principio pasaba unas horas en el baño, en plena libertad, para volar, andar o trepar. Pero desde la última vez que estuvo malita ya duerme allí también, porque sí, pobre, que le encanta pasar la noche en su nido. Que quede claro que el cuarto de baño es grande, luminoso y ventilado, con orientación al sur, por lo que es soleado. Lo de la distribución de la casa y el feng sui lo tuve más complicado, pero ese es otro tema, que me alargo y me pierdo, caramba. A lo que iba.Yo había mandado hacer en el baño un mesado para el lavabo y todas esas cosas, es decir, que si las colonias, jabones...todo eso que está en el baño, lo que usa todo el mundo y hay en todas las casas. Pues no, ahora no hay nada, porque la desgraciada o lo rompía o se lo comía. Por dos veces tuve que llamar al veterinario, una vez por una botella de colonia y otra por limpiacristales. En la parte de abajo tenía unas cajoneras bien monas de ikea y una cortina ad hoc en el medio. Por la cortina escalaba y le hacía agujeros y las cajoneras, de dos colores con sus tintes naturales, las va pelando. Tenía dos opciones. Confinar al loro en su jaula o hacer unas puertas, de cristal, por supuesto, ya que de madera tendrían el mismo final que aquel baul que tenía bajo la ventana al que le abrío un boquete, por el que accedió, a la botella de colonia. Tenía otra opción, retorcerle el pescuezo, porque ya sé que algún asesino lo estará pensando, pero no, eso queda descartado...de momento. Bien, pues eso, que encargo las puertas de cristal. Por dos veces especifiqué cuales deberían ser transparentes y cuales traslúcidas. Pues como es natural las trajeron confundidas. Como yo ahora soy otra y practico la asertividad, para nada me voy a quedar con ellas cambiadas, como hubiera hecho antes. Pero como al mismo tiempo me da no sé qué, busqué una solución intermedia y me quedaré con todas traslúcidas. La verdad es que así no se me verá la cajonera astillada. Pero otra vez me pasó lo que tenía que pasarme, es decir, un suceso extraño. Si dos señores vienen a colocarte unas puertas lo lógico es que coloquen las puertas y ya está. Pues no, aquí nunca sucede todo de forma sencilla. Me hicieron un interrogatorio pero en muchos grados, no sólo de tercero, que nunca entendí lo del tercer grado, que alguien me lo explique pues ahora no tengo ganas de ponerme a buscar, porque me lío y entonces no acabo más. Qué si de dónde éramos, a qué se dedicaba mi marido y de repente aquello se empezó a tornar surrealista. "Y esos retratos que hay por ahí, quien los pintó?" Me pregunta lleno de curiosidad. De repente recordé que en el sitio dónde estaba colocando el espejo, el día que vino a tomar las medidas había una estantería baja y un dibujo de un desnudo, un apunte a sanguina de un cuerpo si cabeza. Y antes de que hiciese la pregunta que me estaba temiendo, decidí hacer mutis por el foro y dejar de vigilar a semejantes espíritus curiosos. Yo creo que hice bien, lo de retirarme. Pero esto sucedió hoy, nada comparable con lo acontecido ayer. Un coche vivo, eso era mi Audi 90 de veinte años de edad. Que achacoso como está, de repente era como un brioso corcel o como un galgo joven dispuesto a correr los cien metros vallas, por lo menos. Pero pobre, claro la edad no perdona, que no fue capaz de saltar la valla y se tragó el portón de entrada, por aquí denominado cancelo, que cierra mi propiedad. Ya sé, que el freno de mano hay que ponerlo, sobre todo en cuesta, si dejas el coche abandonado, pero la edad tampoco me perdona a mi. Y ¿como se detiene tal fogosidad? Por supuesto no agarrándolo por el espejo, como traté de hacer yo. No sirvió de nada, ni por las ventanillas, ni por ningún sitio podía yo agarrarlo. Cuando saltaron las sujecciones del susodicho cancelo, pues no tuve más remedio que lanzarme a la deseperada, porque ya se iba a empotrar contra la fachada de la casa. Abrí la puerta y me lancé en plancha en el interior del coche y con un golpe certero conseguí subir el freno de mano. Y, ¿cómo le cuentas a tu pareja el desastre o a la del seguro, cuando sabes que nada va a cubrir semejante desfeita? Juan dice que me va a hacer una póliza de responsabilidad civil y la del seguro que nunca oyó una historia siniestrosa tal. Ah, por cierto, no, no soy yo, que quede clarito.