jueves, 19 de marzo de 2009

Días tranquilos


La verdad que no hay por qué salir de casa para disfrutar de este puente maravilloso. El Pomelo (que sepa todo el mundo que me lee, es decir, muchíiisima gente, que me encantan los pomelos) y yo nos íbamos a ir de puente a Madrid a ver la exposición de Bacon. Como de costumbre, Volty encontró para ella y su apéndice unos billetes baratísimos, pero no se por qué será, que cuando fui a mirar los nuestros, resultaban fuera del alcance de cualquier persona sensata. Como ultimamente hemos decidido ahorrar para el porvenir, porque como dice mi sobrina la pequeña "hay que tener dinero para toda la vida, porque te puedes quedar en paro" (ya tiene destinada una cantidad para esa circunstancia), decidimos que no, que nos quedábamos en casita en el puente y que ya iríamos a la exposición cualquier otro fin de semana, si no enfermamos, no se nos cae la casa, se nos estropea el coche o se pica el loro. El puente dejó de ser puente, porque resulta que solo hay puente si se sale de viaje, pero hoy es San José, festivo y brilla el sol. Lo del santo me trae sin cuidado, porque ni me llamo Josefina, ni hay padres ya en mi vida, por lo que hoy es un festivo y punto, que se me está atragantando lo de San José, que no se por que el día del padre tiene que ser el de ese santo, que sólo fue padre de adopción, pero bueno, fue buen padre, porque se tragó lo de los ángeles sin rechistar. Con los problemas que tienen hoy tantas mujeres para conseguir embarazos, podrían traer ángeles del cielo para fecundarlas, aunque fuesen angelitos negros y no querubines sonrosados. Casi mejor, que lo de los querubines parece como si te fueses a convertir en una delincuente sexual, por lo menos. Aunque bueno, que si miras las ilustraciones de la Historia Sagrada,como se llamaban en mis tiempos aquella biblias infantiles y edulcoradas que nos regalaban cuando hacíamos la Primera Comunión, los Arcángeles estaban de muy buen ver y el que se Anunció a María era un arcángel, no un angelito del limbo. Pues a lo que iba, que yo de Angeles no soy muy entendida, aunque antiguamente creía que sólo había tres arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael, resulta que no. Un día conocí a un chico en un chat que me explicó muchas cosas de los alados, pero como era tan pesado, el chico, pues no me leía todo lo que escribía por lo que no me enteré de mucho. También había en casa algún libro sobre el tema, porque durante una temporada estuvieron muy de moda...me estoy aburriendo soberanamente, con los ángeles, San José y aquel chico que se llamanba Azrael como el angel de la muerte. No se llamaba, era su nick, claro, porque yo no conozco a nadie que se llame así, aunque hoy en día que las madres ya no saben que nombre ponerle a sus hijos, todo es posible. Pero yo quería hoy hablar de los pequeños placeres de la vida. No fuimos de viaje ni estamos viendo pinturas en El Prado, pero yo estoy divinamente en mi casa. Resulta que en nuestra nueva vida de sensatez, llamamos a un hombre para que nos remozara un poco los exteriores antes del verano. Eso de aprovechar el fin de semana para ponernos como posesos a desbrozar y limpiar, de momento no va con nosotros, vamos que prácticos sí, pero seguimos siendo igual de vagos. Fueron dos días y medio de trabajo, aunque el medio te digo yo que le sobraba, porque tonta seré pero no tanto como para darme cuenta cuando se estira el tiempo, porque una leyó mucha novela de viajes en el tiempo y sabe de estirar y encoger el flujo temporal. Pues eso, que el señor vino a limpiar y nos dejó la huerta y la terraza preciosa de limpia y resplandeciente. Nos costó tanto como los billetes a Madrid, tanto no, pero casi. La verdad, si lo llegamos a pensar antes no nos hubiéramos dedicado a ser como la gente normal y ahora estaríamos, como señores, viendo esas caras tan feas que pinta Bacon, con perdón. Pero como el mal ya está hecho, yo estoy disfrutando del mal que deviene en bien y aquí me hallo. En mi terraza, con la supersombrilla abierta, el portatil en la mesa de jardín y yo como una escritora consumada disfrutando de la maravillosa vista sobre el mar y los árboles, de un pesado que ya los podía cortar que me tapan parte de las bateas, mientras tecleo estas frases. Estoy estupendamente instalada, con mi botella de agua con limón, a la que soy adicta, los teléfonos por si llama alguien y un libro de relatos de Connie Willis, del que ya me acabo de leer el primero. De lujo. De comer nada, que estoy a régimen porque ayer fui a la playa y me desbordaban las carnes. Por cierto hay tanto polen que tengo un paño de polvo a mi vera para limpiar el teclado de vez en cuando. Pues ya no digo nada más, que lo del wifi, la red local y todo eso es un chollo y casi voy a ver un capítulo de las múltiples series que me bajo. Aunque, limpiar sí, pero todavía no compramos la valla protectora a prueba de curiosos para instalarle al cierre, por lo que soy la atracción de mis vecinas, que en cualquier momento vendrán a asomarse a mirar, y me sentiré como un cuadro de Bacon, aunque eso si, más guapa.

viernes, 6 de marzo de 2009

Amigos

Cuando se llega a una edad provecta, como la mía, además de los inconvenientes que esto tiene (la mayoría a la vista, por desgracia), puedes rebobinar, quien tenga buena memoria que no es mi caso, y ver tu vida como en el cine. Cuanto mayor eres, más episodios para rememorar o más temas sobre los que reflexionar. Una cuasi centenaria me decía que como ve mal y no puede ver la tele ni leer, pasa revista a distintos episodios de su vida, que además los recuerda con una enorme precisión, dice; yo digo que lo que no recuerda lo inventa. Un día le toca a un pretendiente, otro día a cuando era estudiante e iba al teatro con su mejor amiga, o cuando en su etapa laboral estuvo destinada en distintos pueblos...Y así se pasa muchas momentos que si no, le resultarían aburridos. Bien, pues yo he decidido que voy a hacer lo mismo, pero de otra manera, algo más ambiguo, que me permite hacer reflexiones, que para algo estudié filosofía aunque no se note. Esta vez le tocó a los amigos. Hay dos tipos de personas, las fieles y las infieles en sus diversos grados, que no tiene nada que ver con que corones o no a tu pareja. Las fieles, tienen durante toda su vida los mismos amigos, ni uno más ni uno menos, porque se cierran al conocimiento de nuevos seres, sean extraterrestres o del mismo pueblo. Los infieles todo lo contrario, conocen miles de personas, las hacen amigos y sustituyen a los antiguos o los abducen y los anexan a su grupo interminable. Conozco un caso que para celebrar su cumpleaños e invitarlos a todos tuvo que emplear todo el dinero que reservaba para el evento en comprar entradas de una discoteca, porque no le cabían en su piso de estudiante, para poder dar una fiesta. Fue de lo más cutre, porque vale, con la entrada te daban una copa, pero no había ni tortilla ni tarta. Además, en la discoteca entraba más gente, con lo cual, la anfitriona cuando se dio cuenta ya había hecho nuevas amistades con lo cual aquel cumpleaños era de lo más raro porque había mucha gente mezclada sin conexión de ningún tipo. Para marearse, vamos. Eso es algo que siempre odié y que siempre recomiendo a quien quiera oir mis consejos, uséase, nadie. No se deben mezclar las amistades, por dos motivos fundamentales: el primero, y no por eso más importante, que cada persona es multifacetada, es decir, con más escamas que un pinto, por lo que no eres la misma tomando un café con unos desconocidos, que en casa con tu madre o con las amigas de toda la vida, porque no, porque en cada situación de la vida hay que llevar los zapatos adecuados y no se puede ir a los Oscars en zapatillas, ni a la playa de catiuscas si es verano. El segundo motivo es consecuencia del primero: cada grupo conoce algo de ti que no saben los demás, con lo cual pueden compartir información y desde luego no te apetece nada que tus compañeros de trabajo sepan que lloras a moco tendido viendo "Lo que el viento se llevó", si eres verdugo, pongamos por caso y para que lo entienda todo el mundo. Y el tercer motivo, porque había tres, porque me da la gana, es que si les da por ahí te pueden poner a caldo, porque siempre hay en cada grupo alguien que no es de fiar. Pero a lo que iba, que me estoy dispersando. Aunque seas de los que conservan las mismas amistades toda la vida o de los que cambian de amigos continuamente, todos tenemos amigos del alma. Para muchos son tres o cuatro, para otros una docena, pero son esos amigos que, aunque no los veas casi nunca, siempre serán tus amigos. Y no tienen por que ser las mejores personas, ni ser los íntimos con los que compartes tus mejores o peores momentos. No, son esos que siempre han estado ahí a través del tiempo, a veces sin mostrarse, pero son los que por alguna razón que solo tú sabes estarán siempre contigo, en tus recuerdos, en tus vivencias. Los amigos del alma. Que cuando se van te dejan sin un trozo de ella, aunque tú no creas en la existencia del alma.

sábado, 7 de febrero de 2009

Los García

Las tardes que no llueve excesivamente, doy un paseo con mi vecina y con alguna otra mujer del lugar. Normalmente vamos dos o tres mujeres: mi vecina "la mejor del mundo" (yo también tengo una vecina como la de Caaal) , que tiene sobre sesenta y tantos, otra "chica" de mi edad, que la pobre está pasando por una enfermedad dura, y menda. Son unas caminatas ilustrativas en todos los sentidos, sobre todo en dichos y anécdotas, que trato de retener en mi memoria . Me gusta este tipo de relación que sólo se da en las aldeas, que yo sepa. Sales a la puerta, o a caminar, con la gente de tu entorno, aunque no tengas nada en común con ella, aunque nunca hayas entrado en su casa. Cuando hay alguien enfermo o en apuros, ves como la gente se vuelca. Se preocupan por su estado, las llaman para hablar, se preocupan por lo que comen y les dan lo que buenamente pueden, es decir, si tienen un naranjo y ella tiene que comer fruta, son kilos los que recibe en su casa. Si se le estropea la lavadora, tendrá todas las de su entorno para que lave y a nadie se le ocurrirá pedirle que lleve el detergente. Si le apetece dulce, siempre habrá algún bizcocho o tarta para el postre del domingo. Eso si está enferma. Si está sana, todo el mundo dirá que es una abandonada, que tiene la casa llena de "miseria" y que lo único que hace en todo el día es "folgar". Pero a mi este forma de relacionarse me parece bien, esta solidaridad entre vecinos, esta hermandad entre mujeres sobre todo, creo que muchas veces es lo único que te redime de la soledad ante la enfermedad que te asusta, ante la impotencia de ver tu vida alterada. Pero yo quería hablar de varias cosas, que como de costumbre , se convierten en miles debido a mi habitual dispersión. En el paseo de ayer, además de ir por sitios desconocidos, de conocer el nombre o apodo del propietario actual de cada casa, de saber a quien se la compró o de quien la heredó, nos encontramos con bastante gente plantando o sachando o haciendo no se qué en la tierra porque mi cultura agraria no llega a tanto. Por supuesto lo primero era preguntar por mi, pero directamente. Me encantó porque dos señoras preguntaron por "a rapasa", lo que hace pensar que o bien las cremas dan buen resultado, lo que corrobora que "crema Ponds belleza en siete días" es de lo más efectiva o bien que la vida al lado de la calefacción y el ordenador da sus frutos. Una vez informadas, por supuesto por el mote del anterior dueño de mi casa, que me salva que no tuviera problemas intestinales porque ultimamente compruebo que el apodo que hace referencia a tan desagradable evento es muy común, dicen ahhh. Ni encantada, ni te encuentras bien por estas latitudes, nada de nada, como si yo no existiese. En otras ocasiones encontré a las más atrevidas, que preguntan por mi filiación, ocupación y lugar de procedencia, siempre como si yo no estuviese delante. La verdad es que ya me acostumbré y suelo esbozar la mejor de mis sonrisas para que digan que soy muy simpática. Pues uno de estos encuentros de ayer, fue con una pariente de mi guía turístico y espiritual desde mi llegada al campo. Supe del estado de salud de su marido y le habló con afecto a un "joven" de cerca de cuarenta años, de bastante buen ver, que con botas altas y una azada en la mano horadaba el terreno. Que esas mentes calenturientas se detengan, porque ni las botas eran de montar, ni el buen mozo estaba sin camisa, sudoroso y con el pelo largo mojado ni nada de eso. Estamos en invierno y llevaba unos botas de goma verdes y una camisa de franela, de cuadros eso sí, abierta sobre una camiseta, que la verdad, esta imagen es casi tan sugerente como la anterior. Pues bien, el muchacho respondía a las preguntas con una voz de tenor suave y armoniosa, mientras detenía su afanoso trabajo. Por supuesto aunque nadie se dirigiera a mi, mi sonrisa esta vez era como la del gato de Cheshire. Una vez terminada la conversación seguimos nuestra andadura y recibí las explicaciones pertinententes. Que si esta buena mujer tenía tres hijos. Las mujeres, casadas y trabajando fuera, una de ellas en Canarias, como casi todo el mundo por aquí, muy buenas ellas. Pero mejor que ninguna hija era Moncho, que así se llamaba el maromo. Trabajador, bueno, pero, sobre todo, que solo ve por los ojos de su madre. La tiene como una reina, le da todo lo que gana, ayuda en casa, trabaja en los terrenos y no sale. Por supuesto soltero. Claro, "ya te fijaste en la voz suave que tiene ...", en la escuela le llamaban Marujita. Pobre. No sé, pero ¿No sería mejor que saliera del armario, le dijera adiós a su madre y dejase de ser un buen chico? Un desperdicio. A todo esto yo quería hablar de Los García. Familia de estafadores maravillosa, falsificadores de billetes de cincuenta euros. Se dedicaban a la copia como si se tratase de un trabajo a jornada completa, buenos vecinos y gente de lo más normal. Claro, yo no tengo ningún negocio donde me hayan dejado sus billetes, pero vamos, que tengo que investigar sobre ellos, porque a mi que unos padres monten un negocio familiar para que sus hijos tengan un medio de vida, me parece más loable que condenar al pobre de Moncho a jugar a la brisca por la tarde: que la familia que delinque unida no le cortará las alas a sus hijos, sean de ángeles o de murciélagos, que para gustos se pintan colores y para tardes de invierno labradores por los que babear en un blog, aunque ahora sea sábado por la mañana y salga el sol y seguro que Moncho ahora sí estará sin camisa...

martes, 20 de enero de 2009

Dedicatorias


Lo más terrible de ser famoso, seguro que es tener que dedicar libros o fotos o la camiseta o la barriga de alguien. Imaginaos la situación: "Escríbeme algo", te dice una fan enfervorizada, y te enseña un bandullo abombado y y blancuzco. La impresión no te deja respirar, pero como ya estás hecha a estas lides, con una gran sonrisa le pones "con mucho cariño, Blaconcia Megaestrella". En realidad le habrías escrito de haber querido los Episodios Nacionales, pues en aquella tripa cabrían y sobraría sitio, pero tampoco se trata de aburrir a las amigas mientras lo leen, pues vamos, que si alguien te pide que le escribas en una parte de su cuerpo, no tiene la costumbre de leer a Galdós, como me dijo mi culto esposo que va a hacer este verano. Pero situaciones como ésta supongo que no tendrán que vivirlas los escritores, que como mucho firmarán un libro o una servilleta de bar. Porque hay gente para todo. Que estés tomando el pulpo a la feria un domingo en una pulpería callejera y te digan: "Me he leído todos sus libros", si sólo tengo dos piensas tú. Lo que pasa que como saliste en aquel programa de la gallega entrevistada por Piñeiro, resulta que ahora te conoce todo el mundo. Seguro que no te leyó, pero eres famosa. Con lo cual no tienes más remedio que firmarle en una servilleta que que pone Pulpería Rías Baixas. Con unas manos grasientas le escribes "Con mucho apetito, Blaconcia Megaescritora" Y aun encima a la tía parece no gustarle. ¿Pero qué le vas a escribir en momentos como esos? Pero este tipo de dedicatorias no son las únicas que tenemos que escribir a lo largo de la vida. Desde el libro que regalamos a un amigo, que quiere que pogas algo de recuerdo y tú le dices que es tu mejor amigo y lo adoras, lo que seguramente es mentira, porque si lo fuese no le habrías regalado el primer libro que viste porque no sabes sus gustos, o a ese chico que te gusta y le compras el libro de tu escritor preferido y resulta que cuando se lo das te dice, "vaya, un libro". Ya sabes entonces que nunca leyó nada en su vida, como mucho algún periódico deportivo, porque fijo que le gusta el futbol y todos esos deportes que se juegan en equipo y son aburridísimos, dónde todos los jugadores van vestidos con trajes horrendos, no los civilizados como natación o gimnasia. Aunque bueno, estas últimas olimpiadas fueron desastrosas. No se a quien se le pudo ocurrir ponerle esos bañadores horrendos a los nadadores, con lo mono que estaba Mark Spitz con su diminuto bañador de la bandera americana... Que me disperso. Tenía yo un autógrafo de este nadador, al que adoraba, que me había traído una prima mía de las Olimpiadas de Munich. Al cabo de los años me confesó que era falso, que compró la foto y lo firmó ella. No me disgusté porque ya era mayor, pero vamos, dejé de creer en el género humano, porque con los autógrafos de los famosos no se bromea. Las alianzas de boda, por ejemplo. Hay que hacerles una inscripción. Hay quien le pone "para el amor de mi vida", pero lo normal es ponerle el nombre, porque ahora la vida es muy larga y amores, esperemos que muchos. Bien, lo que hace todo el mundo es intercambiar los nombres. Es decir, en la de él pones el tuyo y en la tuya el de él. Pues no, conozco a una persona que no hizo así. Pensó que lo más lógico es que cada alianza llevase el nombre de su dueño, pues como son iguales, no vaya a ser que se confundan. De este sucedido hay dos cosas que no acabo de entender. Lo primero el tamaño, que siempre importa, como TODAS sabemos y en este caso también. Uno tendrá el dedo más grande que el otro. En parejas hetero normalmente el hombre, por lo que no se pueden confundir. Además la alianza se pone en el dedo y allí se deja hasta el día de la muerte, en que la viuda se coloca las dos. A no ser que lavándote las manos se vaya por el desagüe, pero eso querrá decir que como estás mucho más delgada es el momento de buscarte otro marido, por lo menos más rico. Lo segundo que no entiendo, es porqué dejaron ir a esa señora sola, porque era una señora y lo sigue siendo que es muy fina ella, a una cuestión tan peliaguda. Por cierto, esa misma señora, años más tarde, dejaría a su hija olvidada dentro de su cochecito en una tienda (después recordó que llevaba algo en la mano y volvió a por ella) Volvamos a lo que nos preocupa. Las dedicatorias. Yo creo que lo mejor es ir practicando para que la fama no te sorprenda sin saber qué escribir. Así que ya sabeis, que hago una nota para el super, una docena de huevos, pan de molde y "arrobas de felicidad para el resto de tu vida". Que le entrego a mi jefe la contabilidad del mes, "con cariño y gratitud". Que le firmo el recibo del certificado al cartero "Con mis mejores deseos" Ahora bien, cuando vayas al banco y te dice una firmita no le preguntes al empleado que si la prefiere en la espalda o en un brazo, pensará que eres familiar de la señora que se dejó a la niña en la tienda de su suegra y que otro día se marchó con el bastón de su pobre suegro impedido, porque llovía y pensó que era su paraguas.

jueves, 1 de enero de 2009

Campanadas

Soy jugadora de Los Sims desde hace muchos años. Empecé con los Sims uno, cuando aquellos pobres seres no eran mas que figuras planas, con las mismas ropas y unas cuantas caras, que, como hicieras muchos, terminabas repitiéndolas. Sin embargo, me entretenían bastante. Después salió la nueva generación, con sus caras creadas por ti, con sus pieles nuevas, con sus pelos personalizados. Aunque en los primeros ya había creaciones de los usuarios, con la segunda parte ya fue la revolución. Ahora van a la última moda, las casas se renuevan continuamente, con cada expansión aparecen nuevos contenidos, que te permiten personalizarlos más. Ya juego menos, lo único que hago es bajarme miles de cosas, hacer casas nuevas, nuevos habitantes para ellas y ahí se queda la historia. Ahora saldrán los Sims tres, este año que entra. Parecen bastante feos, pero hay gente que enseguida comenzará a hacerles nuevas caras, para que de nuevo volvamos a engancharnos a las descargas como locos. Lo mismo sucedía en Second Life. Todas esas historias de que la gente vivía una segunda vida allí, que trabajaba, negociaba y vivía como si fuese el Metaverso de Snow Crash (novela que recomiendo): mentira cochina. No digo que hubiese gente que lo hiciera, pero yo, en mi experiencia (que no tengo por qué decir humilde, porque ni yo lo soy ni mi experiencia tampoco) no lo vi. La mayoría de las almas que poblaban este universo, de lo único que se preocupaban era de comprarse ropa o pieles de pago, que los distinguieran de la masa que usábamos free, de chatear y de tener sexo. Me aburrí enseguida. Fui a los sitios interesantes, viajé por Roma y Londres, pero nada de nada. Los sitios que se suponían deberían estar abarrotados por el interés cultural que ofrecían, estaban vacíos. Hombre, que me fui a la Fundación Torrente Ballester toda ilusionada y no había nadie. Eso sí las playas nudistas, las discotecas y los casinos, abarrotados de gente, como la vida misma. Pues para eso no voy. Algo ligué, pero con mis ropas de baratillo y mis pelos de gratis poco pude hacer, que ligaba más en mis tiempos mozos en las fiestas del pueblo o cuando era estudiante. A todo esto, yo en esta entrada no quería hablar para nada de estos temas. Simplemente hacía mención a los Sims para comentar algo que me viene rondando la cabeza desde la noche de ayer. Imagina que, por una vez, no es el genio de la lámpara el que se aparece, es un genio más retorcido que te dice que nada de tres deseos, sino que tres de tus mayores miedos se van a cumplir. Chungo, ¿verdad? Como todos sabemos, hay miedos mayores y miedos menores. Que se muera alguien, que tú o los tuyos tengais una enfermedad seria, que te abandone el cerdo de tu marido por una de veintitantos con las tetas allá arriba y la misma cintura que tú tenías hace unos cuantos años, son miedos mayores los dos primeros y una tontería lo último, porque a enemigo que huye puente de plata y a marido idiota, cubano joven. Pero eso, imagínate que cuando te toca, por algo todo en la vida es aleatorio, se cumple un miedo de esos que te atenazan. Algo puntual, no los miedos mayores, que no, hombre, que no nos vamos a poner nerviosos ni a amargar, que solo hablamos de inconvenientes, no de desgracias. Tienes un examen, lo puedes aprobar con nota, sin nota, o suspender por burra, por no haber estudiado o por mala letra (a mi me pasó) Pues toca genio malvado. Te lo suspenden porque justo te quedaste dormida cuando ibas a estudiarte ese tema. Tu miedo era que te preguntasen algo sobre él. Miedo realizado. Y así con todo. Entran sudores al pensarlo. Ese chico maravilloso que piensas va a ser el amor de tu vida, porque con lo guapo que es y lo listo y lo culto no puede ser tan tonto como para dejarte escapar, no puede dejarte plantada. Pues son las cinco de la mañana y no pasó todavía a buscarte cuando quedasteis para cenar. No esperes más, miedo realizado (esto es un guiño a Harry Potter y a sus travesuras del mapa del Merodeador) Pensadlo bien, da mieditis. Pues la vida es así, no hace falta ningún genio. Cuando voy a salir de viaje me da pánico pensar que algo va a salir mal y no voy a poder salir de casa. Barajo todos los posibles inconvenientes, trato de controlar todo mi entorno, de hacer todos los preparativos para que nada puede salir mal. Cuando estás tranquila porque todo lo tienes bajo control, surge lo imprevisto. Resulta que acabas en el sofá viendo las campanadas de fin de año cuando deberías estar en una cena maravillosa en una ciudad lejana (licencia literaria porque era Oviedo) Miedo realizado. Lo que no acabo de entender es por qué, si ya hay trampas que nos pone el destino (suena a telenovela), tengo que inventar ahora un genio malévolo que además nos viene a complicar más las cosas. Que me da mucha grima, que encima seguro que es feo y con verrugas y no lleva turbante.
PD. No sufrais por mi, cené jamón del bueno y queso manchego y mi chico se sentía tan culpable que el fin de año al final tampoco estuvo tan mal. Ah, y el último fin de semana del mes decido yo el destino.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Permiso para hablar

El vivir en un lugar u otro, no determina muchas de las cosas que te pueden suceder. Creo que uno mismo es el que atrae los sucesos extraños, conocer personas raras o que el absurdo de lo que te rodea sea algo habitual en tu vida. Vivo en un lugar cerrado, me trato con muy poca gente, por lo que pienso que universos como Macondo, Obaba, no son tan ajenos a la realidad, sino que son mas que nada formas de vivir tu medio. Y todas estas reflexiones vienen al caso por un comentario que leí en la galería de flickr dónde cuelga las fotos Juan. Hay una a la que tituló "Octavia en el jardín de las piedras". No voy a contar cómo es la foto, porque si alguien tiene curiosidad que vaya desde el enlace que tengo en esta página. Lo que llama la atención, a parte de lo bonita que es la foto, es uno de los comentarios que hace una de las personas que la visita. "De Veras tienen un jardín de piedras? Como puedan crecer?" (la cita es literal, uséase, copiar y pegar) ¿ Lo preguntará en serio? De verdad, yo me estuve riendo un buen rato, no se si por el sentido del humor de esta persona o por la pregunta, por llamarla de alguna manera, absurda. ¿Qué puede pasar por esa cabeza para hacer una pregunta así? ¡Que a esa persona no la conocemos de nada! Que podemos imaginar que es una inocentona, por no decir otra cosa, porque pobre, alaba la foto y se preocupa de dejar una muestra de su agrado. ¿Cuantas veces aunque no sea de un modo tan evidente hacemos preguntas tan extrañas que hacen dudar de nuestras capacidades mentales? Dejarlas por escrito es otra historia, pero ese es el peligro de la inmediatez de internet. Se hacen grandes amigos desconocidos y se dicen las mayores tonterias sin que medie ni un instante. Tampoco hay que darle mayor importancia, todos metemos la pata alguna vez en la vida, aunque unos más y otros menos, claro. El que mucho habla hunde el pie hasta la garganta, debería decir un refrán, porque claro, las personas de lengua fácil dicen muchas cosas a lo largo del día y muchas de ellas aunténticas tonterías. Te salva que no quedan grabadas en una página dónde las puede ver cualquiera. Desde luego la vida sería complicada si todo lo que vivieras se pudiese ver en la web. Cuando nací, fui un bebé muy bonito, cuando aprendí a leer, el día de mi boda, los invitados y las ropas ochenteras que llevaban. Hasta ahí muy bien, pero que salga cuando te dejaron plantada en casa, esperando a que apareciese el amor de tu vida, o el día que te decidiste a cantar en público "bella sin alma", por las calles de Santiago a voz en grito de ganchete de una amiga de carrera, cuando la canción estaba ya pasadísima de moda, o aquella otra vez que en una boda hiciste un brindis y te confundes y en vez de decir el nombre del novio, tienes un lapsus y el nombre que sale de esa boquita pecadora es el del ex, que también estaba presente, que vamos, somos muy modernos y tenemos muy buen rollo, pero confundimos a los pobres invitados. Todo eso y más saldría en tu web, en el blog de tu vida. Pues no. Que yo estoy muy bien así, en mi vida en el anonimato y que no me da la gana, que no me voy a prestar a eso, por mucho que se empeñen los productores o lo que sean, mi vida no se va a exponer, aunque ahora que lo pienso ¿ Dónde se graban las vidas? ¿Quien tiene el dvd de la mía, coño, qué quiero grabarle encima una que me bajé del emule y es mucho más divertida?

viernes, 21 de noviembre de 2008

Conga


Lisboa, qué decir de Lisboa, cuando los fotógrafos del grupo ya hicieron miles de fotos. No voy a hacer un relato pormenorizado de las excelencias de Portugal, porque para eso ya tenemos a Saramago que tiene mejor verbo que el mío y el secreto para un matrimonio duradero. Dos cuartos de baño. Qué razón tiene. Dicen que el amor se acaba en el matrimonio. Es mentira, el amor se entierra a tres metros, al compartir baño, dormitorio para dormir, cocina, sala de estar...y según qué estancias, si tienes una mansión o un pisito de los de la ministra. Pensándolo bien, si es un pisito mínimo, con entrar por la puerta ya se produce el entierro. Pues sí, que ultimamente tengo tendencia a la dispersión y aunque tantos años de vida en pareja con el mismo señor, aunque antes era un chico, que vamos, me iba yo a casar con un señor, me autorizan para hablar de tan arduo tema, creo que será mejor que vuelva a Portugal. Lisboa, que bello anuncio el de las botas Clarks, que me las probé y son una monada, lo que pasa que con los pantalones no se ve la hebilla de pirata y como no estoy en edad de leggins y los pitillos con el culo gordo no quedan bien, pues no me las pude comprar. No quise decir que tenga el culo gordo, que una no anda por el mundo comentando sus defectos, pero que no, que el pitillo no es el pantalón que más me favorece, que con el trabajo que me costó dejar el tabaco, voy yo a caer en esas tentaciones. Pues si, en el sitio del anuncio estuvimos, allí arriba, agotados por cierto de tanto andar, porque si en Roma anduvimos en Lisboa ni te cuento, que a mi cuñado le dio un punto de locura y se lanzó como un poseso por una carretera al infinito. Lisboa, bella ciudad de fados y tranvías. Qué hotelazo teníamos. Reservamos, naturalmente, tres habitaciones. Por un problema del hotel nos encontramos con dos suites por el morro y una habitación normal. La razón de por qué las suites fueron a la famila de Volty la desconozco, pero no me importó porque la nuestra era preciosísima ¿pero y si no lo fuese? Ir con esta gente de viaje es seguir la ley de la jungla, hay que andar con mucho cuidado, aunque en Roma anduvimos espabilados y pillamos la habitación mas grande, aunque resultó que el aparato de aire acondicionado era viejo y apenas funcionaba. Pues si, Lisboa, que bella es Lisboa. Se come bien en Portugal, pero no se, ultimamente no acabo de encontrarle el punto a las comidas portuguesas, no se, como que están un poco grasientas. Recuerdo aquella taberna de Lisboa, en que desesperados por el hambre de algunos, nos metieron a la fuerza. Fue muy barato, pero todo sabía igual. Las croquetas, el arroz, había un chino o una china, no se sabía bien, que era el que cocinaba, y que nos daba el bacalao a la portuguesa con salsa de soja y las tripas con rollitos primavera. Bello país Portugal, país de contrastes. Ahh, que la cena de fin de año fue en un bufett alemán y Caaal bailó una conga.