martes, 20 de enero de 2009

Dedicatorias


Lo más terrible de ser famoso, seguro que es tener que dedicar libros o fotos o la camiseta o la barriga de alguien. Imaginaos la situación: "Escríbeme algo", te dice una fan enfervorizada, y te enseña un bandullo abombado y y blancuzco. La impresión no te deja respirar, pero como ya estás hecha a estas lides, con una gran sonrisa le pones "con mucho cariño, Blaconcia Megaestrella". En realidad le habrías escrito de haber querido los Episodios Nacionales, pues en aquella tripa cabrían y sobraría sitio, pero tampoco se trata de aburrir a las amigas mientras lo leen, pues vamos, que si alguien te pide que le escribas en una parte de su cuerpo, no tiene la costumbre de leer a Galdós, como me dijo mi culto esposo que va a hacer este verano. Pero situaciones como ésta supongo que no tendrán que vivirlas los escritores, que como mucho firmarán un libro o una servilleta de bar. Porque hay gente para todo. Que estés tomando el pulpo a la feria un domingo en una pulpería callejera y te digan: "Me he leído todos sus libros", si sólo tengo dos piensas tú. Lo que pasa que como saliste en aquel programa de la gallega entrevistada por Piñeiro, resulta que ahora te conoce todo el mundo. Seguro que no te leyó, pero eres famosa. Con lo cual no tienes más remedio que firmarle en una servilleta que que pone Pulpería Rías Baixas. Con unas manos grasientas le escribes "Con mucho apetito, Blaconcia Megaescritora" Y aun encima a la tía parece no gustarle. ¿Pero qué le vas a escribir en momentos como esos? Pero este tipo de dedicatorias no son las únicas que tenemos que escribir a lo largo de la vida. Desde el libro que regalamos a un amigo, que quiere que pogas algo de recuerdo y tú le dices que es tu mejor amigo y lo adoras, lo que seguramente es mentira, porque si lo fuese no le habrías regalado el primer libro que viste porque no sabes sus gustos, o a ese chico que te gusta y le compras el libro de tu escritor preferido y resulta que cuando se lo das te dice, "vaya, un libro". Ya sabes entonces que nunca leyó nada en su vida, como mucho algún periódico deportivo, porque fijo que le gusta el futbol y todos esos deportes que se juegan en equipo y son aburridísimos, dónde todos los jugadores van vestidos con trajes horrendos, no los civilizados como natación o gimnasia. Aunque bueno, estas últimas olimpiadas fueron desastrosas. No se a quien se le pudo ocurrir ponerle esos bañadores horrendos a los nadadores, con lo mono que estaba Mark Spitz con su diminuto bañador de la bandera americana... Que me disperso. Tenía yo un autógrafo de este nadador, al que adoraba, que me había traído una prima mía de las Olimpiadas de Munich. Al cabo de los años me confesó que era falso, que compró la foto y lo firmó ella. No me disgusté porque ya era mayor, pero vamos, dejé de creer en el género humano, porque con los autógrafos de los famosos no se bromea. Las alianzas de boda, por ejemplo. Hay que hacerles una inscripción. Hay quien le pone "para el amor de mi vida", pero lo normal es ponerle el nombre, porque ahora la vida es muy larga y amores, esperemos que muchos. Bien, lo que hace todo el mundo es intercambiar los nombres. Es decir, en la de él pones el tuyo y en la tuya el de él. Pues no, conozco a una persona que no hizo así. Pensó que lo más lógico es que cada alianza llevase el nombre de su dueño, pues como son iguales, no vaya a ser que se confundan. De este sucedido hay dos cosas que no acabo de entender. Lo primero el tamaño, que siempre importa, como TODAS sabemos y en este caso también. Uno tendrá el dedo más grande que el otro. En parejas hetero normalmente el hombre, por lo que no se pueden confundir. Además la alianza se pone en el dedo y allí se deja hasta el día de la muerte, en que la viuda se coloca las dos. A no ser que lavándote las manos se vaya por el desagüe, pero eso querrá decir que como estás mucho más delgada es el momento de buscarte otro marido, por lo menos más rico. Lo segundo que no entiendo, es porqué dejaron ir a esa señora sola, porque era una señora y lo sigue siendo que es muy fina ella, a una cuestión tan peliaguda. Por cierto, esa misma señora, años más tarde, dejaría a su hija olvidada dentro de su cochecito en una tienda (después recordó que llevaba algo en la mano y volvió a por ella) Volvamos a lo que nos preocupa. Las dedicatorias. Yo creo que lo mejor es ir practicando para que la fama no te sorprenda sin saber qué escribir. Así que ya sabeis, que hago una nota para el super, una docena de huevos, pan de molde y "arrobas de felicidad para el resto de tu vida". Que le entrego a mi jefe la contabilidad del mes, "con cariño y gratitud". Que le firmo el recibo del certificado al cartero "Con mis mejores deseos" Ahora bien, cuando vayas al banco y te dice una firmita no le preguntes al empleado que si la prefiere en la espalda o en un brazo, pensará que eres familiar de la señora que se dejó a la niña en la tienda de su suegra y que otro día se marchó con el bastón de su pobre suegro impedido, porque llovía y pensó que era su paraguas.

jueves, 1 de enero de 2009

Campanadas

Soy jugadora de Los Sims desde hace muchos años. Empecé con los Sims uno, cuando aquellos pobres seres no eran mas que figuras planas, con las mismas ropas y unas cuantas caras, que, como hicieras muchos, terminabas repitiéndolas. Sin embargo, me entretenían bastante. Después salió la nueva generación, con sus caras creadas por ti, con sus pieles nuevas, con sus pelos personalizados. Aunque en los primeros ya había creaciones de los usuarios, con la segunda parte ya fue la revolución. Ahora van a la última moda, las casas se renuevan continuamente, con cada expansión aparecen nuevos contenidos, que te permiten personalizarlos más. Ya juego menos, lo único que hago es bajarme miles de cosas, hacer casas nuevas, nuevos habitantes para ellas y ahí se queda la historia. Ahora saldrán los Sims tres, este año que entra. Parecen bastante feos, pero hay gente que enseguida comenzará a hacerles nuevas caras, para que de nuevo volvamos a engancharnos a las descargas como locos. Lo mismo sucedía en Second Life. Todas esas historias de que la gente vivía una segunda vida allí, que trabajaba, negociaba y vivía como si fuese el Metaverso de Snow Crash (novela que recomiendo): mentira cochina. No digo que hubiese gente que lo hiciera, pero yo, en mi experiencia (que no tengo por qué decir humilde, porque ni yo lo soy ni mi experiencia tampoco) no lo vi. La mayoría de las almas que poblaban este universo, de lo único que se preocupaban era de comprarse ropa o pieles de pago, que los distinguieran de la masa que usábamos free, de chatear y de tener sexo. Me aburrí enseguida. Fui a los sitios interesantes, viajé por Roma y Londres, pero nada de nada. Los sitios que se suponían deberían estar abarrotados por el interés cultural que ofrecían, estaban vacíos. Hombre, que me fui a la Fundación Torrente Ballester toda ilusionada y no había nadie. Eso sí las playas nudistas, las discotecas y los casinos, abarrotados de gente, como la vida misma. Pues para eso no voy. Algo ligué, pero con mis ropas de baratillo y mis pelos de gratis poco pude hacer, que ligaba más en mis tiempos mozos en las fiestas del pueblo o cuando era estudiante. A todo esto, yo en esta entrada no quería hablar para nada de estos temas. Simplemente hacía mención a los Sims para comentar algo que me viene rondando la cabeza desde la noche de ayer. Imagina que, por una vez, no es el genio de la lámpara el que se aparece, es un genio más retorcido que te dice que nada de tres deseos, sino que tres de tus mayores miedos se van a cumplir. Chungo, ¿verdad? Como todos sabemos, hay miedos mayores y miedos menores. Que se muera alguien, que tú o los tuyos tengais una enfermedad seria, que te abandone el cerdo de tu marido por una de veintitantos con las tetas allá arriba y la misma cintura que tú tenías hace unos cuantos años, son miedos mayores los dos primeros y una tontería lo último, porque a enemigo que huye puente de plata y a marido idiota, cubano joven. Pero eso, imagínate que cuando te toca, por algo todo en la vida es aleatorio, se cumple un miedo de esos que te atenazan. Algo puntual, no los miedos mayores, que no, hombre, que no nos vamos a poner nerviosos ni a amargar, que solo hablamos de inconvenientes, no de desgracias. Tienes un examen, lo puedes aprobar con nota, sin nota, o suspender por burra, por no haber estudiado o por mala letra (a mi me pasó) Pues toca genio malvado. Te lo suspenden porque justo te quedaste dormida cuando ibas a estudiarte ese tema. Tu miedo era que te preguntasen algo sobre él. Miedo realizado. Y así con todo. Entran sudores al pensarlo. Ese chico maravilloso que piensas va a ser el amor de tu vida, porque con lo guapo que es y lo listo y lo culto no puede ser tan tonto como para dejarte escapar, no puede dejarte plantada. Pues son las cinco de la mañana y no pasó todavía a buscarte cuando quedasteis para cenar. No esperes más, miedo realizado (esto es un guiño a Harry Potter y a sus travesuras del mapa del Merodeador) Pensadlo bien, da mieditis. Pues la vida es así, no hace falta ningún genio. Cuando voy a salir de viaje me da pánico pensar que algo va a salir mal y no voy a poder salir de casa. Barajo todos los posibles inconvenientes, trato de controlar todo mi entorno, de hacer todos los preparativos para que nada puede salir mal. Cuando estás tranquila porque todo lo tienes bajo control, surge lo imprevisto. Resulta que acabas en el sofá viendo las campanadas de fin de año cuando deberías estar en una cena maravillosa en una ciudad lejana (licencia literaria porque era Oviedo) Miedo realizado. Lo que no acabo de entender es por qué, si ya hay trampas que nos pone el destino (suena a telenovela), tengo que inventar ahora un genio malévolo que además nos viene a complicar más las cosas. Que me da mucha grima, que encima seguro que es feo y con verrugas y no lleva turbante.
PD. No sufrais por mi, cené jamón del bueno y queso manchego y mi chico se sentía tan culpable que el fin de año al final tampoco estuvo tan mal. Ah, y el último fin de semana del mes decido yo el destino.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Permiso para hablar

El vivir en un lugar u otro, no determina muchas de las cosas que te pueden suceder. Creo que uno mismo es el que atrae los sucesos extraños, conocer personas raras o que el absurdo de lo que te rodea sea algo habitual en tu vida. Vivo en un lugar cerrado, me trato con muy poca gente, por lo que pienso que universos como Macondo, Obaba, no son tan ajenos a la realidad, sino que son mas que nada formas de vivir tu medio. Y todas estas reflexiones vienen al caso por un comentario que leí en la galería de flickr dónde cuelga las fotos Juan. Hay una a la que tituló "Octavia en el jardín de las piedras". No voy a contar cómo es la foto, porque si alguien tiene curiosidad que vaya desde el enlace que tengo en esta página. Lo que llama la atención, a parte de lo bonita que es la foto, es uno de los comentarios que hace una de las personas que la visita. "De Veras tienen un jardín de piedras? Como puedan crecer?" (la cita es literal, uséase, copiar y pegar) ¿ Lo preguntará en serio? De verdad, yo me estuve riendo un buen rato, no se si por el sentido del humor de esta persona o por la pregunta, por llamarla de alguna manera, absurda. ¿Qué puede pasar por esa cabeza para hacer una pregunta así? ¡Que a esa persona no la conocemos de nada! Que podemos imaginar que es una inocentona, por no decir otra cosa, porque pobre, alaba la foto y se preocupa de dejar una muestra de su agrado. ¿Cuantas veces aunque no sea de un modo tan evidente hacemos preguntas tan extrañas que hacen dudar de nuestras capacidades mentales? Dejarlas por escrito es otra historia, pero ese es el peligro de la inmediatez de internet. Se hacen grandes amigos desconocidos y se dicen las mayores tonterias sin que medie ni un instante. Tampoco hay que darle mayor importancia, todos metemos la pata alguna vez en la vida, aunque unos más y otros menos, claro. El que mucho habla hunde el pie hasta la garganta, debería decir un refrán, porque claro, las personas de lengua fácil dicen muchas cosas a lo largo del día y muchas de ellas aunténticas tonterías. Te salva que no quedan grabadas en una página dónde las puede ver cualquiera. Desde luego la vida sería complicada si todo lo que vivieras se pudiese ver en la web. Cuando nací, fui un bebé muy bonito, cuando aprendí a leer, el día de mi boda, los invitados y las ropas ochenteras que llevaban. Hasta ahí muy bien, pero que salga cuando te dejaron plantada en casa, esperando a que apareciese el amor de tu vida, o el día que te decidiste a cantar en público "bella sin alma", por las calles de Santiago a voz en grito de ganchete de una amiga de carrera, cuando la canción estaba ya pasadísima de moda, o aquella otra vez que en una boda hiciste un brindis y te confundes y en vez de decir el nombre del novio, tienes un lapsus y el nombre que sale de esa boquita pecadora es el del ex, que también estaba presente, que vamos, somos muy modernos y tenemos muy buen rollo, pero confundimos a los pobres invitados. Todo eso y más saldría en tu web, en el blog de tu vida. Pues no. Que yo estoy muy bien así, en mi vida en el anonimato y que no me da la gana, que no me voy a prestar a eso, por mucho que se empeñen los productores o lo que sean, mi vida no se va a exponer, aunque ahora que lo pienso ¿ Dónde se graban las vidas? ¿Quien tiene el dvd de la mía, coño, qué quiero grabarle encima una que me bajé del emule y es mucho más divertida?

viernes, 21 de noviembre de 2008

Conga


Lisboa, qué decir de Lisboa, cuando los fotógrafos del grupo ya hicieron miles de fotos. No voy a hacer un relato pormenorizado de las excelencias de Portugal, porque para eso ya tenemos a Saramago que tiene mejor verbo que el mío y el secreto para un matrimonio duradero. Dos cuartos de baño. Qué razón tiene. Dicen que el amor se acaba en el matrimonio. Es mentira, el amor se entierra a tres metros, al compartir baño, dormitorio para dormir, cocina, sala de estar...y según qué estancias, si tienes una mansión o un pisito de los de la ministra. Pensándolo bien, si es un pisito mínimo, con entrar por la puerta ya se produce el entierro. Pues sí, que ultimamente tengo tendencia a la dispersión y aunque tantos años de vida en pareja con el mismo señor, aunque antes era un chico, que vamos, me iba yo a casar con un señor, me autorizan para hablar de tan arduo tema, creo que será mejor que vuelva a Portugal. Lisboa, que bello anuncio el de las botas Clarks, que me las probé y son una monada, lo que pasa que con los pantalones no se ve la hebilla de pirata y como no estoy en edad de leggins y los pitillos con el culo gordo no quedan bien, pues no me las pude comprar. No quise decir que tenga el culo gordo, que una no anda por el mundo comentando sus defectos, pero que no, que el pitillo no es el pantalón que más me favorece, que con el trabajo que me costó dejar el tabaco, voy yo a caer en esas tentaciones. Pues si, en el sitio del anuncio estuvimos, allí arriba, agotados por cierto de tanto andar, porque si en Roma anduvimos en Lisboa ni te cuento, que a mi cuñado le dio un punto de locura y se lanzó como un poseso por una carretera al infinito. Lisboa, bella ciudad de fados y tranvías. Qué hotelazo teníamos. Reservamos, naturalmente, tres habitaciones. Por un problema del hotel nos encontramos con dos suites por el morro y una habitación normal. La razón de por qué las suites fueron a la famila de Volty la desconozco, pero no me importó porque la nuestra era preciosísima ¿pero y si no lo fuese? Ir con esta gente de viaje es seguir la ley de la jungla, hay que andar con mucho cuidado, aunque en Roma anduvimos espabilados y pillamos la habitación mas grande, aunque resultó que el aparato de aire acondicionado era viejo y apenas funcionaba. Pues si, Lisboa, que bella es Lisboa. Se come bien en Portugal, pero no se, ultimamente no acabo de encontrarle el punto a las comidas portuguesas, no se, como que están un poco grasientas. Recuerdo aquella taberna de Lisboa, en que desesperados por el hambre de algunos, nos metieron a la fuerza. Fue muy barato, pero todo sabía igual. Las croquetas, el arroz, había un chino o una china, no se sabía bien, que era el que cocinaba, y que nos daba el bacalao a la portuguesa con salsa de soja y las tripas con rollitos primavera. Bello país Portugal, país de contrastes. Ahh, que la cena de fin de año fue en un bufett alemán y Caaal bailó una conga.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Salida de año



Por desgracia se acerca la Navidad. Como todas las personas de cierta edad, la odio. No voy a caer en lo que todos decimos, "estas fiestas sólo son alegres cuando eres niño" o "cuando te empieza a faltar gente, ya no te gusta", ni todas estas obviedades, que por ende reflejan la realidad. Tras la Nochebuena, que siempre terminamos cantando como una ola y cosas así en el karaoke casero, viene el fin de año y con él viene el viaje. Los últimos años nos fuimos con mi hermana Volty, que no tengo otra y su familia. El primer año fue a remojo. Balneario, baños calientes, comidas clericales...Todo muy idílico pero no tanto. El balneario era cutre. No malo , ni sucio, ni horroroso, simplemente cutre. La elección fue mía, así que no tengo a quien culpar. No dormí nada de nada. Aquella calefacción a cincuenta grados, aquellas camitas de hostal barato...Imposible conciliar el sueño. Pero las piscinas...Bueno, la exterior. Bañarse de noche (porque oscurece pronto, porque a las ocho como que cerraban) en el agua calentita, con aquel frío que te cortaba las aletas de la nariz...Me sentí como David Meca , aunque en valiente, que a él le daba miedo la noche. Cierto que en la piscina no había medusas, pero estaban las pirañas de mis sobrinas, que si no te lanzan un bocado es porque una cuida mucho la dentadura y la otra porque es muy escrupulosa. Cuando llevabas un ratillo parecía como que bajaba la temperatura y entonces te ibas a las interiores, con sus chorros y su agua calentita. Aunque hay que tener cuidado de no abrir la boca, porque mi cuñado agarró un virus que no soltó hasta que se lo pasó a su hija pequeña, y yo creo que fue de tragar agua. Otro año nos fuimos a Espiño. Magnífico viaje, que bien comimos.. Todavía me duele el estómago. Qué desayunos me gastaba. Llenaba los platos de todo y después me daba pena dejarlo y me lo zampaba. Pero lo nunca visto, lo jamás admirado, el buffet de primero de año. Retendré en mi memoria por los siglos de los siglos, aquella mesa central larga repleta de manjares cada cual más sabroso que llegaba hasta el infinito. Aquella otra llena de quesos y aquellos postres...Sin saber qué comer por miedo a no poder probar el resto, observar con envidia el plato de los demás porque siempre tenían algo que yo no había cogido...La angustia que me asaltaba al no poder comérmelo todo. Esa es mi desgracia. El ser tragona y no tener capacidad digestiva para satisfacer mi glotonería. Como poder comer, puedo comerme todo lo que desee, porque muy pocas veces me siento llena, pero a la media hora ya todo me duele, todo me sobra y me estorba. Pero si puedo mirar. Y me encanta mirar los escaparates de las pastelerías, sobre todo la del Coral, imaginar los sabores, paladearlos, pero ahora ya no me queda ni eso. Porque como soy coleccionista de síndromes, hay uno que no tenía y que es raro, por lo que decidió poseerme. El famoso síndrome de Frey, que sólo es famoso para aquellas personas que comen conmigo. Pero estoy viendo que el tema me puede dar para una entrada nueva, por lo que lo dejaré para otro día, que ando muy escasa de ideas y no las venden en las tiendas. Menos mal, porque si llegan a hacerlo quien vería en los mercadillos diciendo a los vendedores a tres euritos la idea de Dios, que es de marca Paraíso.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Humor

Normalmente, nos quejamos de que fulano o mengano no tienen sentido del humor, cuando, si lo piensas detenidamente, lo que sucede es que no se ríen de tus chistes. Y no es que no seamos lo suficientemente ocurrentes para que nuestras gracias sean universalmente reconocidas, si no que lo que sucede es que muchas veces sólo tienen gracia para quien no está directamente implicado en el suceso digno de escarnio. Pongamos ejemplos. Ahí atrás mi pobre cuñado pisó una piedra y se hizo un esguince. Decirle "pisa con garbo que un relicario te voy a hacer" no tendría gracia para él, pero si para el que hiciera o hiciese el chiste y para los desalmados que se hubieran reído en caso de haberse producido. Decirle, cuando te lo encuentras apurado y compungido buscando la manera de acercarse a un centro de salud, si llamas a una ambulancia o lo llevas en angarellas, no tiene gracia, aunque a ti te la haga. Y no es porque los comentarios no sean atinados, sino porque no procede hacer a una persona blanco de una broma si le duele algo. Hacer chistes con la muerte de un perro, gato o mascota es algo fácil y usual, pero al dueño del animal no le hace gracia ninguna. Cuando hay algún simpático que te llama para darte el pésame con el comentario, entre risas, de "y habrás llorado y todo" te dan ganas de decirle "pues más que si te hubieras muerto tú, hijo de puta" Que además nunca entenderé para qué te llama. A mi me gustan los chistes absurdos, ese tomarse a broma lo más sagrado, reírse de la enfermedad o de la muerte como catarsis que te alivie del sufrimiento. Pero con una salvedad, que la broma la haga uno mismo, que seas tú el que se ríe de tu enfermedad, no que los demás se tronchen de la risa o te muestran su horror, porque te dejaron con la cara deformada, hinchada y tumefacta en una operación desafortunada. Tampoco es válido decirle a un enfermo que tiene que llevar un corsé "venga para aquí señorita Escarlata que yo le ayudo". Reírse del cojo porque cojea, del sordo porque oye mal o del gordo porque está enorme, no tiene gracia, no es políticamente correcto y además es muy fácil cuando tú oyes perfectamente, andas como una modelo y usas una talla treinta y ocho. Después hay otras bromas que son privadas y que sólo entienden los cercanos a ti, pero que resultan de muy mala educación, si hay ajenos, porque además de sentirse excluídos les parecen tontas. Decir "en Urdilde hay un estanco" es una broma familiar que sólo le hace gracia a esa familia, o reponder a la pregunta ¿para qué? paraguayo, sólo me hace gracia a mi. Desde aquí pido perdón a mi cuñado que se sintió dolido por unas bromas que no tenían gracia ninguna, aunque tampoco fue para ofenderse tanto, que total un esguince lo tuvimos todos en algún momento de la vida, y que si se compra unas babuchas de terciopelo y un bastón con cabeza de caballo o de bulldog puede estar de lo mas glamuroso. Es más con un buen sillón y un escabel, ni Felipe II.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Gastronomía (resucitada)


Sucumbimos a las modas. Estamos muy tranquilos dándole al cocido y a las lentejas, cuando alguien decide que lo oriental está de moda, por ejemplo. Y venga, a hacer gastos. Que si los cuencos, los palillos y todo rojo y negro que queda muy bien y es muy nipón. Porque esa es otra. Muy pocos distinguen lo que es chino, japonés o coreano y el mezcladillo es algo que ni te cuento. Que compramos un wok y pretendemos hacer sushi a fuego vivo. Porque el wok es uno de lo primeros elementos de la cocina oriental que adquirimos. Y no un wok cualquiera, claro, como los del super. Ahora hay sartenes a las que los fabricantes listos llaman wok para que los bobos piquen. El otro día fui a la tienda, porque me había olvidado de comprar patatas. Ahora al pagar te dan puntos para adquirir diversos artículos, desde una vajilla a un juego de cama según la época del año. El de estos días era la batería de cocina, léase sartenes y tarteras. Digo yo que lo de batería de cocina será porque si pones las tarteras con el culo para arriba y utilizas los palillos de la comida china para golpearlas, te montas un grupo musical en menos de nada. Al grano que me disperso. Pues si señor, en medio de tarta orgía de acero inoxidable, hay un falso wok, pero no tiene salida ninguna, porque en este pueblo la gente es muy sensata y aunque llevan las almejas de paseo, nadie prepara comida oriental y pensaban, hasta que yo les puse al día, si el wok sería para el rustrido de la caldeirada. A lo que íbamos, que el falso wok se llenó de polvo en el super. Como el mío. Comprado en el Corte Inglés, auténtico, con certificado y modo de empleo, un pastón que me dejé en él, y sigue allí. En la despensa (que por cierto necesita que la ordenen, aviso para navegantes...) Todavía no compré los cepillos de bambú necesarios para limpiarlo al fuego, como mandan los cánones, y si no se limpia como es debido pues no se puede usar.Y también tengo fideos chinos, y salsas y también arroz basmati y cuscús y pasa sultanas. Porque ya puestos de lo civil pasamos a lo criminal y de lo oriental a lo marroquí sin ningún tipo de rubor. Aunque ahora con tanto bazar chino nos están fastidiando, porque ya cualquiera va a dominar la salsa de soja y el feng shui, con el trabajo que le costó a una dominar la técnica de los espejos y del chi, que mi casa estaba llena de delfines que esto parecía el acuario de La Coruña. Vaya, que por culpa de Oriente cuando vinimos para esta casa, tuvimos que colocar un retrato de Paco Vázquez en el recibidor cuando era el alcalde. Claro, la gente te preguntaba si era un antepasado, porque qué hacía si no ese señor en la entrada en el sitio de "Dios bendiga cada rincón de esta casa. Tú explicabas que era por el feng shui, los delfines y el acuario y que como no teníamos acuario poníamos a Paco Vázquez para que entrara dinerito. Pero nadie lo entendía. Ahora ya pasó un poco de moda Oriente y por culpa de los anuncios del Gadis volvemos a lo nuestro. En todas partes te ofrecen grelos con almejas, revuelto de grelos con erizos, grelos en tortilla y por supuesto lacón con grelos, que al deconstruirlo ya no hay que tomarlo por carnaval. Por todo esto, mi wok seguirá cogiendo polvo en la despensa sin estrenar, porque ya no estará de moda. Lo que tendré que comprar será un pote, para poder hacer el caldo como en los viejos tiempos. Pero al llevarse "vivamos como galegos" la foto que tendré que poner en la entrada será la de Fraga. Pero claro, como se me cayó la cara, la gente me preguntará si es la foto de un antiguo novio y no, por eso no paso.