viernes, 22 de mayo de 2009

Electrodomesticos

No es porque yo sea aficionada a la ciencia ficción, que lo soy y a mucha honra, sino porque hay que contar las cosas como son y no huir de la realidad. Pues la realidad es que en mi casa se está produciendo una rebelión. Los electrodomésticos. En mi vida independiente, es decir desde que salí de la casa de mis padres hace ya muchos años, tantos que prefiero no recordar cuantos para que no me de un ataque de pánico, hubo muchos cambios en mi vida. En el transcurso de estas décadas, la verdad es que fuimos un poco destructivos. Estamos en la cuarta casa; las otras que conste que no rompieron, a una de ellas se le cayó el tejado, pero nosotros no adoptamos a las termitas que se comieron las vigas, por lo que no somos responsables. También vamos por el cuarto sofá y por el quinto colchón. Lo de los colchones es muy gracioso. Dicen que hay que cambiarlo cada diez años, pues es mentira. Es como todos las estadísticas, hay quien cumple las bodas de oro en el mismo colchón y por el contrario quien todavía no llegó a las de plata y lleva cinco. Lo que no sé es por que nunca me toca la parte del ahorro, porque son carísimos y como son cada vez mas grandes las parejas se distancian más, porque vamos, ¿quien se encuentra en un king size? Que es algo que nunca entenderé. Te vas de viaje romántico con tu pareja, reservas en un hotel de lujo, con unos albornoces que no deseas ponerte otra cosa en todo el fin de semana, con una ducha que te hace pensar en todo menos en la higiene y resulta que la cama es descomunal. Que no tiene mucho sentido, la verdad, que te pierdes entre tantos metros cuadrados de edredones y almohadas y cuando te das cuenta estás estornudando, porque eres alérgico a la pluma, que en tu casa usas el nórdico acrícilo por algo. Los coches, ahora toca los coches. Siempre nos duraron bastante, pero no es por otra cosa que por falta de dinero, que si por mi fuera, el que tengo ahora volaría hacia la luna sin necesidad de la NASA, porque por la antigüedad lo pudo utilizar Julio Verne para su Viaje a la Luna. Al que añoro es a mi pandita rojo, con aquellos asientos de golf que, como eran grandes, no se podían mover porque estaban soldados, con el techo solar que tenía goteras. No se porque Juan se empeñó en que tenía que deshacerme de él, porque al fin y al cabo yo ya estaba acostumbrada a que no frenase y bueno, algo tendrá que ver que mi calle se llame A Costa, para que la gente temblara cuando subía a él. A lo largo de todos estos años, hubo muchos bienes de consumo que necesitamos reponer. Cocinas, por ejemplo, creo que llevo tres, más la de algún piso alquilado. Es verdad, ya no recordaba aquella que cada vez que la encendías te cogías un colocón de mucho cuidado. Por el gas, perdía gas y por supuesto era peligrosa. Me compré otra con el horno eléctrico. Fue mi primer horno eléctrico y una trampa mortal para aquel pobre ratoncillo que vivió con nosotros seis meses. No voy a contar lo que le pasó, porque me alargaría mucho, pero nosotros no fuimos culpables de nada. Por cierto, en uno de los sofás que cambiamos había hecho un nido, justo en el sitio dónde me sentaba yo. Y las cafeteras, tropecientas debemos llevar. Cierto que como mínimo hago dos cafeteras al día, porque sí, porque me gusta el café y me gusta recién hecho. Conocí a un señor que estaba internado en un psiquiátrico, cuando los sanatorios mentales eran manicomios. Bueno, yo no lo conocí, pero qué más da, me lo contó una señora que iba a ver a otra y el buen hombre le dio un sabio consejo: tómese siempre el café recién hecho y muy caliente, que yo estoy aquí por haberme tomado un café tibio. Pues por lo que pueda pasar yo le hago caso. Sin embargo, mira, la tostadora tiene como unos diez años y ahí está ella, tan guapetona como al principio. Sin embargo el otro día me dio un susto y la reemplacé. Pero la nueva que compré, será porque me costó diez €, ya está fallando, que al segundo tostamiento se atascó y al tercero le cayó uno de los filamentos de tostar. Pero yo quería hablar de la rebelión de los electrodomésticos en mi casa, lo que no sé es por que quería contar eso, ni a que me podía referir cuando escribí semejante tontería. ¿Será que el café de esta mañana no estaba lo caliente que debería?

miércoles, 13 de mayo de 2009

Preparacion para la vejez

Si no nos morimos jóvenes, llegaremos a viejos, eso lo sabe todo el mundo aunque a veces parece que se nos olvida o lo desconocemos. Es normal que de niño ni lo pienses, de adolescente ni te lo plantees, porque a esa edad no piensas y haces bien, pero cuando ya se remonta la veintena es ahí cuando hay que comenzar a mirar el futuro y cuando se llega a los treinta es ineludible pensar en la próximas etapas de la vida. Soy de las que pienso que hay que quemar todas las naves. Por lo cual, antes de los treinta hay que tener el mayor número de novios posible, comer todo lo comestible, viajar por dos duros y alojarse en cualquier sitio o no alojarse, es decir, disfrutar de todo lo que la vida ofrece, sea mucho, poco, feo o indigesto. A partir de la edad citada ya hay que plantearse las cosas de otra manera. Hay que pensar si quieres ser independiente o vas a vivir toda la vida de tus padres, si éstos pueden mantenerte, o de los abuelos o de cualquier idiota que se preste a ello. Hay que pensar también en los hijos, si los vas a tener, si los vas a educar para que sean buenos chicos y te cuiden, si van a ser buenas personas o unos zánganos egoistas, como a lo mejor eres tú . Pero sobre todo hay que pensar en nuestro físico futuro. Para ello lo primero y principal son los genes. Antes de nacer es fundamental escoger bien a los progenitores. Si no quieres ser calvo, mira bien el pelo de tu padre, porque aunque dicen que la calvicie se hereda por vía materna, yo no me fiaría mucho, siempre hay hermanos con pelo y otros con un pelo, por lo que no me expondría. Eso que dicen los machistas, que una mujer acaba teniendo el culo de su madre, pues créetelo pero para mal, porque si tienes un culo gordo a los treinta, a los cincuenta no vas a tener el de talla treinta y ocho de tu madre, que se conservó lo suficientemente bien como para poder disfrazarse de torero en un centro de la tercera edad y que los viejos le dijeran oléeee o lo que se diga en los toros, que soy antitaurina y no voy a tan salvajes espectáculos. Pues eso, despues de decidir quienes van a ser tus padres, hay que pensar como vas a tratar ese cuerpo que heredaste. No voy a hablar aquí de temas de salud porque no soy el presentador de la tele, ese de la mañana (yo no miré bien mis genes y acabé con la memoria de mi madre); pero sí de lo que podemos hacer o no para tener una ancianidad digna y glamurosa. Fumar. Todo el mundo sabe lo malo que es, pero nada se dice de lo poco atractivo que es para los no fumadores. Se huele muy mal cuando se fuma. Pero mal, mal. Peor que un huevo podrido. Es tan asqueroso el olor que queda en el pelo o en el aliento, que por mucho chanel nº5 que te pongas para meterte en la cama, ningún no fumador querrá dormir contigo. Yo eso no me lo creía cuando fumaba, que se oliese tan mal; además todos los chicos de mi generación fumaban, por lo cual nunca tuve rechazos por eso, ni por otras cosas, que quede claro, pero hoy en día que la gente tiene costumbres más sanas, habrá que pensar en dejar de fumar si eres fumador y si no lo eres pensar que lo tienes más fácil que los adictos a la nicotina. Además, como en algún momento de la vida vas a tener que dejarlo, no esperes a tener los dientes amarillos y voz de cazalla. La alimentación es otra cuestión peliaguda. Si seguiste mis instrucciones en cuanto a los genes y te quedaste con unos padres que se inflan a comida basura y no engordan, pues hiciste muy mal, porque si eso es así es o porque fuman o porque son bulímicos, con lo que demostraste prestar poca atención a la capacidad intelectual de tus progenitores. Las guarrerías comestibles solo deben gustar hasta los veinte. A partir de ahí que las sigas engullendo demuestra que tienes mal gusto y que te vas a poner como una foca a la larga, por eso de la memoria histórica de las células (del colesterol y otras lindezas ya dije que no voy a hablar). Otro asunto, los viajes. Conocí a un señor que sólo viajaba a lo que se consideraba destinos exóticos en aquellos tiempos, como Kenia, La India y sitios así. Decía que dejaba Europa y España para cuando se jubilara. Pues muy mal, porque ese señor se quedó pronto ciego y sí, fue a Tanzania pero no conoció Lisboa ni París, ni siquiera La Toja. Hay que llegar a viejo viajado. Europa es obligatoria antes de la cuarentena, el exotismo queda para la decrepitud, cuando necesitas experiencias más fuertes y mira, mejor haber estado en el Louvre que haber ido a los Mares del Sur, que para eso ya tenemos a Salgari, que aunque nunca fue, los describe muy bien. Y por fin la lectura. A Proust, Galdós, Tolstoi o el primer Torrente Ballester, hay que leerlo antes de la treintena, porque después las neuronas están cansadas y no soportan tanta densidad literaria. Creo que con estos sencillas instrucciones será fácil llegar a la cincuentena con el cuerpo y el espíritu en el mejor estado, porque si no lo que queda es escribir en un blog dando sabios consejos .

Esmeraldo


Esme, de nombre completo Esmeraldo, es un gato semicallejero (el semi se debe a mi) con la vida plácida de todos los gatos jóvenes que habitan mi patio. Todavía no tiene un año, pero ya es un gato grande, creo que lo será todavía más que su tío Barrabás. Es hijo de Dulcinea, el único superviviente de las camadas de esta gata tímida y mansa. Su hermana Ambar desapareció un buen día, cuando no llegaba a los tres meses. El pobre Casper, medio hermanao de los anteriores, pereció en un accidente de tráfico cuando ya había sido colocado en un buen hogar. Cuando consideró oportuno Dulcinea, trasladó su progenie desde la huerta, que fue donde nació, hasta el patio. Para que nos ubiquemos , la huerta está a nivel del primer piso, mientras que el patio está a nivel del bajo. A partir de este momento comenzó el destete propiamente dicho, es decir, mandó a la porra a sus hijos y se lanzó a la vida alegre, que ya bastante atada había estado mes y medio. En este árduo proceso la pobre de Ambar, preciosa gata tricolor, pero muy oscura con pelos salpicados del color de su nombre, pasó a mejor vida. Desapareció sin dejar rastro. Nunca supe lo que sucedió, pero un buen día ya no estaba. El que sí seguía en el patio era Esme. Cuando su madre venía por aquí el pobre gatito se le acercaba y mamaba con fruición lo que podía, porque aunque el animalito ya comía, seguía necesitado de leche y cariño materno. Pero la gata, consumida por ardores uterinos ajenos a la maternidad, ni caso le hacía. Pero mientras tanto otra de las gatas, Soraya, tuvo dos raquíticas criaturas en algún lugar ajeno a mis dominios, pero una mañana de verano se presentó llena de orgullo con ellas. Las dejó por ahí, porque Soraya la verdad, es que siempre fue una madre muy descuidada. Los criaturitas, que nunca llegaron a tener nombre, porque tras la desaparición de Ambar y Melisa, hermana de Vera esta última, decidí no bautizarlos hasta los tres meses de vida, estaban completamente desnutridos, pero no quiero extenderme porque esta no es la historia de estos gatitos, sino la de Esme. El pobre gato abandonado, que por avatares del capricho de la genética es igualito a Soraya, con la que no comparte parentesco alguno conocido por vía materna, que en la naturaleza es la que define la genealogía, decide unirse a la camada de la gata. Esme ya lo había intentado anteriormente con la madre de Vera, gatita de su misma edad e hija de Touquela, que recibe el nombre de su primera dueña humana, pero la gata, una máquina de engendrar y criar hijos lo miraba con mucha reticencia. En Soraya encontró buen acogimiento, es decir, siendo ésta tan despreocupada no puso ningún inconveniente en que Esme se arrimase a ella y a sus crías. Pero el pobre gato quería algo más que el calor y el jugueteo. Una tarde, ante mi asombro, observo como hacíendose el despistado, poco a poco se va metiendo entre las mamas de Soraya y como un hijo más, se engancha a la teta de la susodicha. Que se sepa que en la muerte de los gatitos no tuvo nada que ver Esmeraldo. Uno desaperareció un día y el otro lo encontré moribundo sin que diese tiempo de llevarlo al veterinario. No se convirtióen cuco ni nada por el estilo. Que yo sepa. Su vida siguió los caminos de un gato joven, olvidado por su madre, con una compañera de juegos, Vera, con la que jugar y dormir y con una madre adoptiva que llegado su momento también pasó de él. Pero he te aquí que esta primavera Dulcinea parió de nuevo y que sin querer relatar lo que sucedió, se quedó sin crías. La madre, llamaba a sus hijos con el maullido lastimero que usan las gatas para tal fin, pero no encontraba respuesta. ¿O sí? Esmeraldo comenzó a contestarle. Y despues de un año, el gatito olvidado recobró a su madre. Dulci se volcó en su hijo, lo limpiaba, lo lamía y yo juraría que hasta lo alimentaba. Esme se dejaba hacer, feliz de recobrar a su mamá despues de tan largo tiempo. Cuando la gata recobró su estabilidad hormonal, todo volvió a la normalidad. No sé por qué razón Esme me recuerda a Moncho, joven de camisa a cuadros del que hablé en otra entrada y a tantos otros buenos chicos que existen en la especie humana, siempre atentos y serviciales.

sábado, 2 de mayo de 2009

Negocios

Juan, anteriormente llamado Pomelo, y yo estamos pensando en montar un negocio. No sabemos muy bien con qué comerciaremos, pero estamos decididos a diversificar nuestra economía. En principio lo atenderé yo y todos los empleados que contrate, pero eso será después, cuando vaya muy bien. Estamos haciendo un estudio de mercado y un sondeo de opinión, es decir, "a mi me apetece...", pero de momento no nos hemos decidido por nada en concreto. Yo quiero una librería-café. Mira, si no vienen clientes por lo menos lees y te inflas a cafeína y bollos para matar la depresión. Ya tengo pensado en la manduca para acompañar los líquidos. Madalenas caseras(según la RAE se puede escribir con y sin g por si alguien no lo sabe) y bizcochos de jengibre y canela. Yo creo que es un negocio que podría prosperar; además, si no va bien, pues nos quedamos con las existencias y cerramos el chiringuito. También pensé que para no hacer mucha inversión, podríamos montar la librería "de viejo" con los libros que tenemos en casa, pero la idea no gustó mucho, es más, por la mirada que se me lanzó, más de una famosa, que demandan por nada, llevaría al que ya sería su exmarido a los tribunales. Yo no, que soy comprensiva y entiendo que cada uno tiene derecho a tener sus debilidades. Barajamos otras posibilidades. Un hotel de animales. Pero vamos a ver, si total alimento a cuanto gato hay por los alrededores, los llevo al veterinario, les administro anticoncepción y les pongo nombre, ¿por qué no ganar dinero con ello? No con estos gatos sin hogar, que pobres, nunca en mi casa les faltará un cacharro con pienso, pero sí con los perros y gatos mimados y gordos de la gente con mascota. La otra posiblidad es una hospedería rural. Reformaríamos nuestra casa para tal fin y nosotros pasaríamos a ocupar la casita (o cuberto) que también tenemos en nuestra propiedad. Pues no, que a este hombre nada le convence. Que si esos negocios aquí no dan, que si nadie lee, ¿por qué van a comprar libros? Y no se da cuenta que los comprarán porque si, porque se pone de moda, vamos, que lo pongo yo de moda en el pueblo como nada, hombre, que si quieren mis riquísimas muffins tendrán que adquirir un libro aunque sea de Pérez Reverte. Que lo lean o no, es asunto de ellos, que yo no me voy a meter en sus intimidades, pero comprar te digo que lo compran, Porque ¿acaso la gente no ve series? En toda serie que se precie hay una librería-café dónde la gente compra y se lleva su libro debajo del brazo y su café en su envase con tapita. Y se come las madalenas en plan guarrillo, a pellizcos. Y dejan los desayunos a medio comer. Que es algo que me saca de quicio, horas haciendo tortitas y jarras de zumo para que el niño se vaya con un plátano en la mano, el padre se beba un café y la idiota de la hija mayor diga que sólo quiere cereales. Que se me cae la baba viendo esos desayunos. Es como la historia de los bares. Veamos, serie tipo Doctor en Alaska, Mareas Vivas o la reciente Doctor Mateo. Un ser antisocial, sea hombre, mujer, médico, juez, psquiatra, tiene que ser una fuerza viva, porque si no no vale, anda ya no me acordaba de Men in Trees, tambien vale coach, bueno pues eso, que llega alguien al pueblo. Bien, pues esta persona que odia a los lugareños y la situación que lo ha traído a la comunidad, lo primero que hace es instalar sus reales en el bar más concurrido de la localidad. Pero, si no quieres tratarte con nadie, que piensas que la gente de aquí no está a tu altura intelectual, por qué demonios te pasas el día en un bar dónde además van los tipos más absurdos que nunca se han visto, que además rotan de serie en serie, porque las personalidades paranoicas son muy parecidas, la guapa también la hay en todas partes y si la serie es gallega también un cura. Nosotros también fuimos habituales de un pub durante unos años. Ibamos los viernes por la noche. La cosa empezó porque yo fui a unas clases de baile de salón una temporada. Juan, por supuesto, no acudía, yo creo que por timidez, porque a él lo del tango siempre le llegó al corazón; pero me esperaba a la salida. Comíamos algo en el mismo sitio y nos íbamos a tomar unas copas, porque de aquella éramos jóvenes y fumábamos, bebíamos y ... fumábamos. En aquel pub cutre conocimos a alguna gente, no tan característica como la de las series, pero la verdad es que había de todo. Al principio quedábamos en una esquina, pero como el dueño del local estaba también hecho para una serie, pues empezó a hablarnos y a juntarnos con los habituales de la noche de los viernes, que eran cuatro o cinco, del estilo de la clientela de Cheers. Fue una buena época, de sábados con resaca y sueño. Juan hasta llegó a tener una partida de ajedrez en la barra y todo. Pero un día Cheers cerró y mi alegría se fue como dice el tango. Nos quedamos sin peña de los viernes, porque lo de trasladarnos a otro sitio no venía al caso, porque ni éramos amigos ni nos veíamos fuera de esa rutina.Ya se sabe, por falta de audiencia se acaban las series. Tuvimos síndrome de abstinencia una temporada pero como pronto nos trasladamos a vivir al campo, cambiamos de vida. Ahora yo también tengo serie propia. Me reúno todas las mañanas a tomar un café con un grupo de mujeres, pero esa es otra historia, porque tengo que hablar del asunto de forma más detallada, de esto y de otras cosa, porque la verdad que me estoy reformando y cada vez mi escritura resulta menos caótica, hombre que ni siquiera nombré el castigo infligido por algún o alguna envidiosa que leyó mi entrada anterior. Los zapatos morados hacen que me salga un bulto en el pie. No es un juanete, como me dijo la falsa de Volty, que los quiere para ella, sino un quiste en el tendón por el roce. Pero ya dije que no voy a hablar de ello ni de nada más que está un día estupendo y nos vamos a dar un paseo, anda que también podemos montar un negocio de visitas guiadas por los alrededores. Tenemos que tomar una decisión pronto, porque en estos tiempos que corren hay que ser práctico.

domingo, 5 de abril de 2009

Caprichos


La línea que separa las necesidades de los caprichos es tan estrecha que muchas veces no sabemos dónde empiezan unos y terminan las otras. Por cierto, en cuanto empecé esta frase todos sabíamos su final. A veces me pregunto, cómo tantas otras cosas, si no sería mucho mejor empezar a hablar o a escribir y decir "no sigo, que ya sabeis por dónde voy a salir". Y si no lo sabeis hay que estar más espabilados, que el mundo de hoy va muy rápido, que no sé yo si los movimientos de la tierra, en mis tiempos rotación y traslación, no se verán afectados por el cambio climático. Y digo en mis tiempos porque ahora está todo cambiado. El proceso empezó cuando mi hermana, que es un casi nada más joven que yo, empezó a llamarle al complemento directo, objeto directo. Pero bueno, le dije yo, quien te crees tú que eres para cambiarle el nombre a la sintaxis. Pero no, era así. Y ahora resulta que también están cambiados los nombres de los tiempos verbales, con lo cual al asilo intelectual me voy, porque desde que algunas preposiciones pasaron a ser adverbios, pues no, que desisto de entender esta realidad que me es tan ajena. Pero yo estaba hablando de otra cosa. Las necesidades y los caprichos. Pero hablar de lo necesario es muy aburrido, que ya se sabe, que hay que comprar botas para no mojarse los pies, no esas zapatillas que los jóvenes se empeñan en llevar en pleno invierno. Que en Galicia llueve, caramba, que se mojan los pies y después vienen las enfermedades urinarias que son tan molestas y dolorosas. Pues eso, hay que comprarse botas para la lluvia, sandalias para el estío, chanclas para la playa y zapatillas para casa. Pero hay una gran diferencia entre las botas y las chanclas del carrefour, Eroski o Hipercor, me es igual, que unas de Prada o Clarks o cualquiera de esas marcas que tanto le gustan a mucha gente frívola. Por cierto, para zapatillas de casa unas que se compró una nonagenaria que yo conozco, de terciopelo verde y con strass, sesenta euritos. Bien, qué sucede cuando uno está deprimido, por cualquier razón, me es igual que sea justificable o no la tristeza; pues que hay que animarse, a no ser que estemos hablando de una patología y para eso están los profesionales, que yo nunca trataría de usurpar territorios ajenos. Es entonces cuando los caprichos se convierten en necesidades. Hay muchas formas de animarse y no todas tienen porque ser caras, aunque la verdad, anima mucho más gastarte un pastón en ti misma que en la vuelta al cole de los niños, por ejemplo. Aunque nunca entendí muy bien eso de la vuelta al cole. Será que no tengo hijos, pero vamos, siempre me pregunté por qué hay que comprarlo todo junto. Que si el abrigo, el plumífero o lo que usen, las botas, la cartera, los bolígrafos. En octubre no hace frío, por lo que no hay que comprar ni el abrigo ni las botas; además, si total a los quince años van a empezar con la tontería de las zapatillas de lona, que empiecen ya a los cinco a endurecer su vejiga, digo yo. Pero estoy simplificando el tema de los colegiales y además es que no me importa nada. Ay, de verdad que escribir una entrada de forma coherente se me hace cada vez mas difícil. A lo que íbamos: los caprichos. Hay varios tipos. Los monetarios, uséase los que dependen de la cartera. Estos son los más complicados, porque tiene que estar llena y la cuenta corriente solo se engrosa trabajando, a no ser que heredes, pero para eso tiene que morirse alguien y de estos ritos ya hablaremos otro día, porque me niego a liar esto más de lo que ya está. Cuando uno tiene que ganarse el dinero cuesta más despilfarrarlo, pero aun así es maravilloso poder comprarse esos zapatos rojos de tacón de aguja y corte salón que todo pervertido sexual tiene en su imaginación y porque no, que toda mujer debe tener en el fondo de su armario, que no es lo mismo que el fondo de armario del que hoy no toca hablar. Hay más caprichos monetarios que los zapatos o la ropa, depende del gusto de cada cual. Puede ser el último libro de Bernardo Atxaga, que se lo compró el Pomelo el otro día, aunque no estaba triste, un ordenador portátil o un Jaguar, eso depende del bolsillo de cada uno. Están también los triperos, es decir tarta de chocolate, callos con garbanzos o un bogavante con arroz. Cuestión de gustos. Pero como eso se está alargando mucho, voy a terminar. Solamente añadiré que los caprichos engordan, crean dependencias y arruinan familias. Pero ¿qué sería la vida sin los zapatos morados que tengo en el armario, sin la tableta de chocolate de la despensa o sin el mulato del dormitorio?
P.S. El mulato hizo la foto (y ya se que no es politicamente correcto)

jueves, 19 de marzo de 2009

Días tranquilos


La verdad que no hay por qué salir de casa para disfrutar de este puente maravilloso. El Pomelo (que sepa todo el mundo que me lee, es decir, muchíiisima gente, que me encantan los pomelos) y yo nos íbamos a ir de puente a Madrid a ver la exposición de Bacon. Como de costumbre, Volty encontró para ella y su apéndice unos billetes baratísimos, pero no se por qué será, que cuando fui a mirar los nuestros, resultaban fuera del alcance de cualquier persona sensata. Como ultimamente hemos decidido ahorrar para el porvenir, porque como dice mi sobrina la pequeña "hay que tener dinero para toda la vida, porque te puedes quedar en paro" (ya tiene destinada una cantidad para esa circunstancia), decidimos que no, que nos quedábamos en casita en el puente y que ya iríamos a la exposición cualquier otro fin de semana, si no enfermamos, no se nos cae la casa, se nos estropea el coche o se pica el loro. El puente dejó de ser puente, porque resulta que solo hay puente si se sale de viaje, pero hoy es San José, festivo y brilla el sol. Lo del santo me trae sin cuidado, porque ni me llamo Josefina, ni hay padres ya en mi vida, por lo que hoy es un festivo y punto, que se me está atragantando lo de San José, que no se por que el día del padre tiene que ser el de ese santo, que sólo fue padre de adopción, pero bueno, fue buen padre, porque se tragó lo de los ángeles sin rechistar. Con los problemas que tienen hoy tantas mujeres para conseguir embarazos, podrían traer ángeles del cielo para fecundarlas, aunque fuesen angelitos negros y no querubines sonrosados. Casi mejor, que lo de los querubines parece como si te fueses a convertir en una delincuente sexual, por lo menos. Aunque bueno, que si miras las ilustraciones de la Historia Sagrada,como se llamaban en mis tiempos aquella biblias infantiles y edulcoradas que nos regalaban cuando hacíamos la Primera Comunión, los Arcángeles estaban de muy buen ver y el que se Anunció a María era un arcángel, no un angelito del limbo. Pues a lo que iba, que yo de Angeles no soy muy entendida, aunque antiguamente creía que sólo había tres arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael, resulta que no. Un día conocí a un chico en un chat que me explicó muchas cosas de los alados, pero como era tan pesado, el chico, pues no me leía todo lo que escribía por lo que no me enteré de mucho. También había en casa algún libro sobre el tema, porque durante una temporada estuvieron muy de moda...me estoy aburriendo soberanamente, con los ángeles, San José y aquel chico que se llamanba Azrael como el angel de la muerte. No se llamaba, era su nick, claro, porque yo no conozco a nadie que se llame así, aunque hoy en día que las madres ya no saben que nombre ponerle a sus hijos, todo es posible. Pero yo quería hoy hablar de los pequeños placeres de la vida. No fuimos de viaje ni estamos viendo pinturas en El Prado, pero yo estoy divinamente en mi casa. Resulta que en nuestra nueva vida de sensatez, llamamos a un hombre para que nos remozara un poco los exteriores antes del verano. Eso de aprovechar el fin de semana para ponernos como posesos a desbrozar y limpiar, de momento no va con nosotros, vamos que prácticos sí, pero seguimos siendo igual de vagos. Fueron dos días y medio de trabajo, aunque el medio te digo yo que le sobraba, porque tonta seré pero no tanto como para darme cuenta cuando se estira el tiempo, porque una leyó mucha novela de viajes en el tiempo y sabe de estirar y encoger el flujo temporal. Pues eso, que el señor vino a limpiar y nos dejó la huerta y la terraza preciosa de limpia y resplandeciente. Nos costó tanto como los billetes a Madrid, tanto no, pero casi. La verdad, si lo llegamos a pensar antes no nos hubiéramos dedicado a ser como la gente normal y ahora estaríamos, como señores, viendo esas caras tan feas que pinta Bacon, con perdón. Pero como el mal ya está hecho, yo estoy disfrutando del mal que deviene en bien y aquí me hallo. En mi terraza, con la supersombrilla abierta, el portatil en la mesa de jardín y yo como una escritora consumada disfrutando de la maravillosa vista sobre el mar y los árboles, de un pesado que ya los podía cortar que me tapan parte de las bateas, mientras tecleo estas frases. Estoy estupendamente instalada, con mi botella de agua con limón, a la que soy adicta, los teléfonos por si llama alguien y un libro de relatos de Connie Willis, del que ya me acabo de leer el primero. De lujo. De comer nada, que estoy a régimen porque ayer fui a la playa y me desbordaban las carnes. Por cierto hay tanto polen que tengo un paño de polvo a mi vera para limpiar el teclado de vez en cuando. Pues ya no digo nada más, que lo del wifi, la red local y todo eso es un chollo y casi voy a ver un capítulo de las múltiples series que me bajo. Aunque, limpiar sí, pero todavía no compramos la valla protectora a prueba de curiosos para instalarle al cierre, por lo que soy la atracción de mis vecinas, que en cualquier momento vendrán a asomarse a mirar, y me sentiré como un cuadro de Bacon, aunque eso si, más guapa.

viernes, 6 de marzo de 2009

Amigos

Cuando se llega a una edad provecta, como la mía, además de los inconvenientes que esto tiene (la mayoría a la vista, por desgracia), puedes rebobinar, quien tenga buena memoria que no es mi caso, y ver tu vida como en el cine. Cuanto mayor eres, más episodios para rememorar o más temas sobre los que reflexionar. Una cuasi centenaria me decía que como ve mal y no puede ver la tele ni leer, pasa revista a distintos episodios de su vida, que además los recuerda con una enorme precisión, dice; yo digo que lo que no recuerda lo inventa. Un día le toca a un pretendiente, otro día a cuando era estudiante e iba al teatro con su mejor amiga, o cuando en su etapa laboral estuvo destinada en distintos pueblos...Y así se pasa muchas momentos que si no, le resultarían aburridos. Bien, pues yo he decidido que voy a hacer lo mismo, pero de otra manera, algo más ambiguo, que me permite hacer reflexiones, que para algo estudié filosofía aunque no se note. Esta vez le tocó a los amigos. Hay dos tipos de personas, las fieles y las infieles en sus diversos grados, que no tiene nada que ver con que corones o no a tu pareja. Las fieles, tienen durante toda su vida los mismos amigos, ni uno más ni uno menos, porque se cierran al conocimiento de nuevos seres, sean extraterrestres o del mismo pueblo. Los infieles todo lo contrario, conocen miles de personas, las hacen amigos y sustituyen a los antiguos o los abducen y los anexan a su grupo interminable. Conozco un caso que para celebrar su cumpleaños e invitarlos a todos tuvo que emplear todo el dinero que reservaba para el evento en comprar entradas de una discoteca, porque no le cabían en su piso de estudiante, para poder dar una fiesta. Fue de lo más cutre, porque vale, con la entrada te daban una copa, pero no había ni tortilla ni tarta. Además, en la discoteca entraba más gente, con lo cual, la anfitriona cuando se dio cuenta ya había hecho nuevas amistades con lo cual aquel cumpleaños era de lo más raro porque había mucha gente mezclada sin conexión de ningún tipo. Para marearse, vamos. Eso es algo que siempre odié y que siempre recomiendo a quien quiera oir mis consejos, uséase, nadie. No se deben mezclar las amistades, por dos motivos fundamentales: el primero, y no por eso más importante, que cada persona es multifacetada, es decir, con más escamas que un pinto, por lo que no eres la misma tomando un café con unos desconocidos, que en casa con tu madre o con las amigas de toda la vida, porque no, porque en cada situación de la vida hay que llevar los zapatos adecuados y no se puede ir a los Oscars en zapatillas, ni a la playa de catiuscas si es verano. El segundo motivo es consecuencia del primero: cada grupo conoce algo de ti que no saben los demás, con lo cual pueden compartir información y desde luego no te apetece nada que tus compañeros de trabajo sepan que lloras a moco tendido viendo "Lo que el viento se llevó", si eres verdugo, pongamos por caso y para que lo entienda todo el mundo. Y el tercer motivo, porque había tres, porque me da la gana, es que si les da por ahí te pueden poner a caldo, porque siempre hay en cada grupo alguien que no es de fiar. Pero a lo que iba, que me estoy dispersando. Aunque seas de los que conservan las mismas amistades toda la vida o de los que cambian de amigos continuamente, todos tenemos amigos del alma. Para muchos son tres o cuatro, para otros una docena, pero son esos amigos que, aunque no los veas casi nunca, siempre serán tus amigos. Y no tienen por que ser las mejores personas, ni ser los íntimos con los que compartes tus mejores o peores momentos. No, son esos que siempre han estado ahí a través del tiempo, a veces sin mostrarse, pero son los que por alguna razón que solo tú sabes estarán siempre contigo, en tus recuerdos, en tus vivencias. Los amigos del alma. Que cuando se van te dejan sin un trozo de ella, aunque tú no creas en la existencia del alma.